Paula Echevarría protagoniza A la deriva, un drama romántico marítimo ambientado en los años 70. El actor Michel Noher es su leal compañero.
Originario de Bariloche, ciudad del sur de Argentina, Michel Noher se considera más de montaña que de mar, aunque ello no quiere decir que no haya tenido relación con lo marítimo. De su infancia recuerda las escapadas para nadar en el mar y, de su adultez, destaca haber hecho buceo o snorkel alguna vez. Nada de eso, sin embargo, le preparó para su primera clase en lancha para A la deriva, la cual acabó siendo mucho más difícil de lo que esperaba. “Fue muy gracioso porque nos quedamos sin motor, así que me tocó aprender a remar en la primera clase… Fue muy intenso”, recuerda riendo. La serie se rodó en Gran Canaria y los trabajadores de la zona le enseñaron también a hacer algunos nudos marineros. Pero, ¿a qué se debía tanto entrenamiento?
“Me sorprendió la cantidad de cosas que ocurren en el primer capítulo”, afirma el actor. Y con razón: en esa primera hora, conocemos a Lucía (Paula Echevarría) y sus compañeras; madres, parejas e hijas de marineros que, un día, reciben la terrible noticia de que la embarcación de sus hombres ha naufragado. En los años 70, época en la que se ambienta la trama, ello significa que deben aprender a abrirse camino ellas solas hasta que, dos años después, reaparecen cinco de los marineros desaparecidos. Lo que debería ser motivo de alegría, no obstante, acaba desatando conflictos y secretos que creían enterrados.

Moher da vida a Tristán, amigo de la familia de Lucía que, al oír la noticia del naufragio, se muda al pueblo para ayudar a la viuda. “Yo lo considero un samurái”, dice sobre su personaje. “Una persona con una idea del honor muy clara. Él ha escogido a su ama, la persona a la que él va a respetar hasta las últimas consecuencias, incluso si tiene que pasar por cosas absolutamente inaceptables, solo por respeto a lo que la mujer que él ama decida, y eso me parece muy lindo”. Destaca, también, que esto no es un triángulo amoroso típico. “Quizá estamos más acostumbrados a ver historias donde dos hombres luchan por el amor de una mujer, sin importar el deseo de ella y, en el caso de Tristán, es muy respetuoso de sus tiempos y sus necesidades”.
Las mujeres, esa “cofradía femenina”, como la define él, son el núcleo y motor de la serie, aunque ello implique pelear y luchar contra marea para hacerse respetar y valer. “Son mujeres muy poderosas que tienen que llevar adelante la vida del pueblo y que son el sustento de todo lo que pasa en esa comunidad”, describe. “Me parece muy interesante la posibilidad que tiene la serie de contrastar cómo eran otras épocas con respecto a esta, y ojalá que, en un futuro, cuando veamos esta época, también nos demos cuenta de cuánto hemos evolucionado para entonces”.