Dos niños afrontan los mil y un peligros de la ruta migratoria de México a EE UU. En Andy, el barcelonés Román Parrado atraviesa otra linde, la del documental hacia la ficción, en un filme muy oportuno en los tiempos que corren.
Andy está basada en miles de historias reales, más de 140.000; desafortunadamente, un dato que ya se queda corto y que ofrece la película referido a menores no acompañados que cruzaron la frontera entre México y EE UU. Andrea y Fernando, protagonistas de Andy, este conmovedor y crudo drama sobre la migración, viven la misma peripecia de tantas criaturas, aunque el contexto haya cambiado. Y es que la ruta concreta que muestra este filme del barcelonés Román Parrado ha visto cómo, desde la reelección de Donald Trump, el flujo de personas que intentan llegar al otro lado de la frontera se ha cortado de raíz.
“Me dijeron que las niñas lo pasan mucho peor”, responderá Andrea cuando le pregunten por qué se hace pasar por un chico a lo largo del duro camino emprendido que, eso dicta su voluntad, debería reunirla con su madre en EE UU. Con solo 12 años, Andrea (interpretada por la debutante Leslie Vázquez Gómez) se hace pasar por Andy mientras trata de seguir adelante pese a la violencia ambiental, la presión policial y la amenaza de traficantes. En su recorrido unirá fuerzas con otro niño, dos años menor que ella.

Muy oportuna en los tiempos que corren, demonizados los inmigrantes por parte de la, cada vez más extrema, derecha, Andy es un coming-of-age con elementos del cine de aventuras y hechuras de road movie. Siempre extraordinariamente pegada a la verdad, probablemente por la experiencia de Parrado como jefe de realización del programa Salvados de La Sexta. En este sentido, el proceso de rodaje no fue nada usual: “Se filmó en dos fases. Una primera puramente documental: desplazamientos, refugios, rutinas, tiempos muertos, maneras de dormir o comer. Recorrimos la misma ruta que hacían los migrantes”, recuerda Parrado. “Después regresamos con la intención de incrustar a nuestros personajes en ese mundo real y usar tanto el entorno vivo como el material previamente rodado para expandir el contexto narrativo. Lo que sucede en segundo plano en Andy es real, por eso respira verdad. La ficción convive con la realidad”, remata.
Cabe destacar que la producción de Andy corre a cuenta de Ibon Cormenzana (director de El bus de la vida) y su compañía Mundo Cero, nacida con la voluntad de levantar un audiovisual que genere impacto positivo en la sociedad. Hate Songs (2024) o la reciente Viaje al país de los blancos (2026) son ejemplos del compromiso de una productora que también ha creado un canal en YouTube, con contenidos de no ficción y eventos en directo para divulgar problemáticas sociales y generar comunidad.