A estas alturas es evidente que Jason Momoa ha nacido para protagonizar epopeyas, ya sean estas históricas o bien pura fantasía; basten para demostrarlo su trabajo en varias películas en la piel de Aquaman, su irreprochable interpretación en el olvidable remake Conan el Bárbaro (2011) y su capacidad para seguir siendo uno de los personajes más recordados de Juego de tronos pese a haber desaparecido de la serie tras una sola temporada.
Por eso, y porque Momoa es el actor de ascendencia hawaiana más famoso del mundo, es fácil entender que él fuera la persona idónea para protagonizar la serie El gran guerrero, en la que se relata cómo Hawái llegó a convertirse en ese pedazo de tierra que todos conocemos mucho menos de lo que creemos. “Queríamos ofrecer al público una aventura épica al estilo de Braveheart o El último mohicano”, explica ahora el actor acerca de la que también es la primera ficción de la que es coguionista y coproductor ejecutivo.
“Jason y yo tuvimos esta idea hará unos 10 años”, asegura acerca de ella Thomas Pa’a Sibbett, su showrunner y responsable de los guiones de todos sus episodios. “Pero sabíamos que, antes de poder hacer realidad una serie protagonizada casi en su totalidad por actores polinesios, él tenía que convertirse en una superestrella y yo debía curtirme como guionista, así que decidimos trabajar juntos en varios proyectos previos”. Antes de hacerlo en El gran guerrero, Momoa y Sibbett colaboraron en El leñador (2018), La última cacería (2022) y Aquaman y el reino perdido (2023).
Las islas hawaianas son famosas, sobre todo, por sus paisajes paradisíacos, que atraen a millones de turistas cada año. Asimismo, numerosas producciones cinematográficas y televisivas las han utilizado como mero decorado, pero El gran guerrero es la primera que cuenta los orígenes de la cultura del archipiélago, a punto de desaparecer en su día a causa de la injerencia extranjera.
Ambientada a finales del siglo XVIII, la serie recrea los esfuerzos llevados a cabo por el noble Ka‘iana (Momoa) con el fin de unificar los cuatro grandes reinos hawaianos bajo el liderazgo del rey Kamehameha I, en un periodo marcado tanto por amenazas de colonización europea como por luchas internas. Gran parte de sus diálogos están hablados en Ōlelo Hawai‘i, la lengua del lugar. “Aprenderlo fue un infierno; en comparación, hablar el idioma dothraki en Juego de tronos fue pan comido”, confiesa Momoa. “Pero era esencial que ese lenguaje estuviera presente en la serie porque, sin él, la autenticidad se perdía. Tuvimos que luchar por ello, porque no es como el español o el coreano, lenguas a las que el público está acostumbrado en pantalla”.

Tras la colonización de Hawái, la prohibición de la enseñanza de la lengua provocó un gran descenso del número de hablantes, pero en los años 70 surgió un movimiento para revitalizar su uso que se mantiene vivo hoy. En general, el equipo de El gran guerrero ha insistido en el respeto a la identidad nativa hawaiana, desde sus relatos orales hasta sus tradiciones.
El rodaje de la serie tuvo lugar entre Hawái y Nueva Zelanda, y contó con el asesoramiento de 15 expertos culturales. A lo largo de su metraje, por ejemplo, se rinde tributo al Kapu Ku‘ialua, un antiguo arte marcial hawaiano que incluye técnicas de rotura de huesos, llaves, presión en puntos vitales, manejo de armas tradicionales e incluso de armas de fuego llegadas de Europa.
“Sumergirme en esta cultura es el reto más importante que he afrontado en mi carrera”, asegura Jason Momoa. “Esta serie es mi homenaje a mi pueblo y por eso me he esforzado por hacer justicia a mi gente”.
