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Crítica ‘Baja de paternidad’: Después del huracán

En Baja de paternidad, la cineasta debutante Alissa Jung deja fuera de campo el gran evento traumático que sirve como motor del relato para centrarse en explorar sus consecuencias. A sus quince años, Leo, adolescente en plena crisis existencial, viaja a Italia desde Alemania para ir en busca del padre al que nunca conoció. Su inesperada llegada sacudirá profundamente la vida de Paolo, un hombre de treinta y cinco años que vive frente al mar en un chiringuito semiabandonado y que, aterrado por las responsabilidades y compromisos propios de la vida adulta, se ha pasado la vida huyendo. Al igual que sucedía en las tan tristes como hermosas París Texas (Wim Wenders, 1984) y Manchester By The Sea (Kenneth Lonergan, 2016), el foco está puesto aquí en el “después” del huracán, nunca en el huracán mismo: rehuyendo todo flashback y sorteando con éxito la torpeza expositiva, la guionista y directora alemana sitúa a sus dos personajes, padre e hija (ambos interpretados con admirable contención por Luca Marinelli y Juli Grabenhenrich), en un presente devastado y gris, espejo de sus ruinas interiores. Si bien sus pasados se van revelando de manera progresiva a través del diálogo, jamás llegan a abandonar por completo la neblina, lo que brinda la atmósfera idónea (melancólica y lírica, siempre evocadora) a un relato de ausencias y redenciones que termina de cobrar verdadero cuerpo en la pantalla gracias al uso emocional y simbólico del escenario en el que transcurre la historia: una zona costera, fría y nublada, alejada de todo y todos, que, a la manera de un espacio liminal, da la impresión de estar situada al borde del mundo, el más propicio de los lugares para el exilio interior. Notable ópera prima.

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