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El Desierto de los Monegros es el espacio hostil en el que se desarrolla ‘Caminando con el diablo’, un thriller rural dirigido por Rubén Pérez Barrena y protagonizado por Tamar Novas y Marina Salas

La culpa y la violencia son las dos grandes protagonistas de esta historia, ópera prima de Rubén Pérez Barrena, que nació con idea de ser un cortometraje, pero fue creciendo hasta convertirse en un largo repleto de sangre, de dolor y de locura. Así es Caminando con el diablo.

Tamar Novas (Mar adentro, Rondallas) y Marina Salas (También esto pasará, El Cover) protagonizan la película, en la que los acompañan Iván Marcos, Annick Weerts y el niño Alban Petit. Es un relato ambientado en los años 80, en la España rural, profunda y negra, en la que viven Miguel y Alicia, una pareja atormentada por la desaparición de su hijo Gabriel.

Hasta allí llegan María, Tomás y su hijo Philippe, que han viajado desde Francia para conocer la tierra de él. Una avería en el coche los lleva hasta el taller-desguace de Miguel. “Ese encuentro desencadena un viaje sin retorno al lado más oscuro del ser humano”, señala la sinopsis de esta película claustrofóbica y extrema que ahonda en la pérdida de la inocencia.

“Es una historia sobre el lado oscuro de las personas”, explica el director, coguionista junto a Jesús Miguel Quintana, que han apostado por los silencios para aumentar la tensión que va creciendo a medida que avanza la película. “Es una historia sobre todo de miradas y de silencios, en la que hay una violencia que no quiere ser bonita estéticamente, que es una violencia más real, dura, seca, incómoda”, añade Pérez Barrena.

Un padre alcoholizado y ahogado en el sentimiento de culpa por la pérdida de su hijo, y una madre que ha perdido la razón desde la tragedia son claves en esta historia, en la que el escenario natural del Desierto de los Monegros es imprescindible, un personaje más de un filme de desolación y muerte.

“La película —comenta el director— está ambientada en los años 80 porque en esa época había muchas desapariciones. Además, entonces, la España rural era una España negra, el país de Crímenes de Puerto Hurraco, un poco primitivo y aislado, nada que ver con el de hoy”. Se trata de un entorno que Pérez Barrena conoce bien: “Es el lugar en el que yo me he criado. A mí siempre me llevaban al pueblo en los veranos cuando era niño y creo que ese es un espacio que aquí en España, por desgracia, no hemos sabido aprovechar. Los americanos lo utilizan mucho en los thrillers, pero aquí siempre nos vamos a las ciudades. Yo quería un thriller con sol, en un contexto diferente”.

Caminando con el diablo es, finalmente, un retrato de esa España de guardias civiles, brutalidad y violencia, bares oscuros y gestos hostiles, en la que los fantasmas personales conviven demasiado con la soledad.

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