El director de Drive regresa al Festival con Her Private Hell, una película 10 años después de The Neon Demon.
Hace tres años, Nicolas Winding Refn murió. Literalmente. Murió durante 25 minutos y le resucitaron con un chute eléctrico. Y, según contó él en la presentación de Her Private Hell, atraído por su hija pequeña diciéndole en un sueño, alucinación o de verdad, no lo sabe, que tenía que volver. Lo hizo y decidió volver a todo lo que tenía pendiente.
“Salí del agujero del streaming –donde he ganado mucho dinero– y decidí que quería volver a hacer películas, hacer cine”, también confesó en la presentación. Quería volver a lo que siempre le había gustado, a su pasión y obsesión por el cine y televisión con los que creció en EE UU, a sus fetichismos de luces, de artes marciales, musicales…
Her Private Hell es el regreso de Winding Refn al cine de Winding Refn, es reconocible desde el primer minuto y, en ese sentido, hecho para sus fans y para sus haters. Ambos solo conseguirán, probablemente, reforzarse más en sus creencias.

Melodrama operístico, film noir, ciencia-ficción y drama paterno-filial… Todo eso en una película suspendida en una realidad de colores rosas y azules y rojos, con mucha sangre y mujeres en trajes de cuero.
El corazón de la película es, eso sí, lo que él mismo vivió para volver a este mundo: un padre (Charles Melton) buscando a su hija; y en una historia que se va cruzando, otra hija (Sophie Thatcher) buscando a su padre (Dougray Scott). El amor, aunque no lo parezca, es lo que prevalece sobre este delirio estético en el que el director ha renacido para seguir haciendo lo mismo, encantado de dividir… y eso sí se lo agradecemos, mejor un cine que nos zarandea que el que deja indiferente… por eso se salió del “agujero del streaming” y sus algoritmos dictando la historia. Eso no se le puede reprochar: es un alma cinematográfica absolutamente libre.
En Cannes este año no solo ha celebrado el 10 aniversario de The Neon Demon, donde creó la gran polémica que le llevó a retirarse a las series; sino que también ha festejado los 30 años de Pusher, su primera película que pasó por este festival francés y lanzó su carrera internacionalmente.