Rami Malek y Tom Sturridge protagonizan The Man I Love, una bonita historia de amor y de amor al arte que enternece Cannes.
Ira Sachs llegó a Nueva York a mediados de los años 80, un momento en el que el sida había empezado a extenderse especialmente en esos círculos de artistas y bohemios, en las zonas de los Village de Manhattan, donde fue directamente a caer este directos que, además, desde el principio se metió en grupos activistas de la comunidad gay, como ACT UP. De los recuerdos de aquella época de amor, arte, locura, risas y miedo ha salido esta película The Man I Love en la que reconcilia su memoria personal con la memoria histórica de un pasado aún no superado.
Sachs retrata el Nueva York de finales desde los 80, diezmado y atemorizado por el sida, sin nombrar en ningún momento directamente la enfermedad. Aunque al poco de empezar la película sabemos que su protagonista, Jimmy George (Rami Malek), un actor vanguardista, referente en la escena teatral de Manhattan, está muy enfermo. De hecho, hace no mucho que ha salido del hospital y está ahora, gracias a los cuidados de su novio (Tom Sturridge), volviendo a ser él mismo e intentando sacar adelante una complicada obra de teatro alternativo.
El acercamiento de Sachs en The Man I Love a ese momento es desde la más absoluta ternura, desde la mirada del que cuida cada día llenando el pastillero, ayudándole a bañarse, dándole de comer… y también desde el que ama, como ese vecino (Luther Ford) que cae rendido ante el carisma de Jimmy. Desde la mirada de la familia que se preocupa (Rebecca Hall hace de la hermana; y Ebon Moss-Bachrach, del cuñado).
El título de la película lo toma de la canción de George Gershwin que canta el propio protagonista de la película en una de las escenas más emocionantes. Hay más canciones, muchas, que Sachs ha ido metiendo como recuerdo de esa época de la que por fin había cogido la distancia necesaria para contarla en un filme lleno de emociones, cargado de la particular sensibilidad de este director neoyorquino hasta la médula, una película dedicada precisamente a su ciudad y a la gente que como él y sus protagonistas la han habitado y compartido todas estas décadas buscando la felicidad en la colectividad, en el amor y en el amor al arte.
Hay preciosas escenas de baile, de comunión de cuerpos, de miradas y pequeños gestos que nos hacen pensar en la magnífica Passages. Si solo Rami Malek no fuera el protagonista… es imposible no pensarlo y aun así, una pequeña joya.