SEMINCI 2025: ‘La noche está marchándose ya’: El cine, tabla de salvación y espejo roto de la vida

SEMINCI 2025: ‘La noche está marchándose ya’: El cine, tabla de salvación y espejo roto de la vida

'La noche está marchándose ya', de Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini, participa en la Sección Oficial de la 70 SEMINCI.

La noche está marchándose ya, de Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini, participa en la Sección Oficial de la 70 SEMINCI.

'La noche está marchándose ya', de Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini, participa en la Sección Oficial de la 70 SEMINCI.

20251030.Valladolid 70 Seminci. La Noche está Marchandose ya RDP. Photogenic

Pelu, un treintañero que apenas sobrevive como proyeccionista en un cineclub municipal de la ciudad de Córdoba (Argentina), pierde su trabajo y acepta ser guarda nocturno del edificio. Ese mismo día, sus caseros triplican el precio del alquiler del piso en el que vive, por lo que no tarda en quedarse también sin hogar. Sin otras opciones, decide instalarse en secreto dentro del cine, donde pronto formará una pequeña comunidad junto a unos gorrillas y a Vale, una excompañera que graba videos para su OnlyFans en la sala de proyección.

En sintonía con el universo urbano y existencialista del primer Jarmusch —piénsese en la poética de lo marginal de Permanent Vacation o Extraños en el paraíso—, los cineastas argentinos Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini arrojan en esta, su ópera prima, una mirada sobre el arte cinematográfico que entiende las películas en una doble dirección: como refugio y tabla de salvación, por un lado, frente a la intemperie del mundo; también, por el otro, como un espejo roto de la vida, en tanto que ficciones que nada pueden hacer frente a la crudeza de lo real. 

En esa tensión entre la fe en el poder redentor del cine y la conciencia de su límite se halla el verdadero corazón de esta deliciosa película, un film tan lírico como ligero, al tiempo melancólico y gamberro, de un rugoso y bellísimo blanco y negro cuyas luces y sombras expresionistas llevan a pensar en el noir clásico, y que, lejos de discursismos trillados, se erige como un auténtico alegato político contra la precarización de la cultura y del cine, consecuencia directa de las políticas del gobierno de Javier Milei.

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