Alba Sáez es una atleta de élite en ‘Corredora’: “No es una historia de superación, es una historia de aceptación”

Alba Sáez es una atleta de élite en ‘Corredora’: “No es una historia de superación, es una historia de aceptación”

Alba Sáez

Laura García Alonso firma Corredora, una película sobre la salud mental en el deporte de élite y donde la verdadera épica estará en aceptarse a una misma. Hablamos con la actriz Alba Sáez sobre su primer papel protagonista y la autoexigencia.

Corredora es la ópera prima de Laura García Alonso y para el papel principal ha escogido a Alba Sáez (Barcelona, 1993), que también se estrena con un protagonista. Interpreta a Cristina, una atleta de élite que, cuando está a punto de ganar el campeonato de España, sufre un brote psicótico. Alejada del tartán, tendrá que aprender a lidiar con una lesión invisible desde fuera y las consecuencias para su vida. El cóctel emocional que esto supone lo digerirá acompañada de su hermana Natàlia (Marina Salas) y de su padre (Àlex Brendemühl).

Laura García Alonso cuenta que durante el casting os pidieron interpretar el brote psicótico de tu personaje y que contigo pasó algo mágico.

Es que fue algo mágico. No me había pasado en ninguna prueba que había hecho. Es como que se paró el tiempo. Tuve la sensación de que el mundo se apagó y solo existía ese momento. Conecté con algo con lo que yo no sabía que podía conectar, creo que con una intuición, y sentí que ese papel estaba hecho para mí.

¿Esa sensación de conectar con la intuición te siguió acompañando durante el rodaje?

Todo el rato, porque durante la preparación tuve la sensación de que me daban oportunidad de poder conectar justamente con eso. Una de las cosas que más he aprendido es que hay que confiar en tu intuición.

Creo que has tenido un año para preparar tu personaje. No es nada habitual tanto tiempo. ¿Cómo se trabaja un personaje tan exigente?

Empecé a entrenar un año antes tres veces por semana con Andreu Novakosky, un entrenador personal especializado en la prueba de Cristina, que es 800 metros de atletismo. Aprendí a correr en un tartán, cómo era la posición del cuerpo… Dentro de la pista había atletas de alto rendimiento y pude observarlos: verlos correr, cómo se relacionaban entre ellos, con los materiales, cómo pisaban el tartán, cómo descansaban… También hay mucho trabajo corporal del personaje. Para ser un protagonista, hablo bien poco. Es un personaje que se relaciona desde otro lugar.

¿Y qué me dices del aspecto psicológico?

Estuve con Laura durante todo ese año mano a mano. Hicimos improvisaciones por la calle, en su casa, con una handy y yo probando. Lo que más he hecho ha sido teatro y tenía la sensación de que necesitaba romper esa barrera de acostumbrarme a estar delante de la cámara. Estuvimos construyendo el tipo de proceso psicótico, construimos unas reglas del juego a partir de las improvisaciones que nos iban dando información de qué tipo de delirio tenía el personaje. Resignificamos espacios, colores, objetos; entonces, cuando estábamos en el set y aparecían, para mí tenían un significado distinto y yo podía ir hilando.

Hablar de enfermedades mentales siempre es muy delicado. ¿Cómo os interesaba reflejar lo que le pasa a Cris?

Creo que Laura quería una mirada de no estigmatizar al enfermo. Tú ves a un personaje que padece esto, pero es autónomo, no hay tampoco ningún conflicto grave alrededor. Me parece súper interesante normalizar que estas cosas pueden ocurrir y tampoco tiene que haber un drama detrás. Y también, cuando le pasa el brote psicótico, refleja un proceso que tampoco es extremadamente traumático: está ahí y tienes que tirar para adelante.

No es extremadamente traumático, pero cuesta ese tirar para adelante, ¿no?

Al principio se enfrenta desde la negación, pero es que no es una historia, aunque sea deportiva, de superación, es una historia de aceptación. Hay esa búsqueda, intentar encontrarse con herramientas antiguas.

Y con el apoyo de su entorno. ¿Cómo es la relación que va a construir Cris con su hermana Natàlia?

Es un personaje clave porque no la paternaliza, la valida. Muchas veces tendemos a sobreproteger a enfermos por miedo nuestro y justamente el personaje de Marina Salas es un personaje que, aunque está pasándolo mal al ver que a lo mejor Cris se está equivocando, la acompaña.

Cris se autoexige sin límites, algo muy a la orden del día casi en cualquier ámbito.

De hecho, hay una réplica en la película que le dice a su padre: “Papá, esto me podría haber pasado en cualquier curro”. En la era en la que vivimos, todo es rápido, corto y muy intenso; eso provoca también que vivamos en piloto automático y se nos pasen muchas cosas que pueden ser señales de que tu cuerpo te está diciendo que pares.

Y sin caer en la autoexigencia, ¿tienes proyectos a futuro de los que nos puedas hablar?

Después de esta peli, rodé una serie con los hermanos Cabezudo, Matar a un oso, y estoy muy contenta porque he tenido la oportunidad de rodar con ellos, de trabajar con Eduard Fernández —hago de su hija— y ha sido una gozada.

Fotos: Getty Images

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