Anna Mouglalis protagoniza la distópica ‘La residencIA’: “Deberíamos rebelarnos todos contra la inteligencia artificial, luchar”

Anna Mouglalis protagoniza la distópica ‘La residencIA’: “Deberíamos rebelarnos todos contra la inteligencia artificial, luchar”

La residencia

En La residencIA (en cines 27 de febrero), Cécile de France interpreta a una escritora en crisis que empieza a dudar de su asistente virtual, controlado por Anna Mouglalis. Yann Gozlan (‘Oscura obsesión’) nos lleva al futuro para hablarnos de los muy presentes peligros de la inteligencia artificial.

“Deberíamos rebelarnos todos contra la inteligencia artificial, luchar”, dice la actriz Anna Mouglalis. Sentada en el Palais des Festivals de Cannes, la intérprete gala de voz áspera se enciende en cuanto mencionamos la IA, pero de eso va su última película, La residencIA, de Yann Gozlan, adaptación de la novela Les fleurs de l’ombre, de Tatiana de Rosnay; y en ella interpreta “a una buena soldado del capitalismo”, dice con ironía. El director escogió a Mouglalis precisamente por “su presencia autoritaria” y ella lo acepta: “Lo entiendo, mi personaje es la mala, tan arquetípica que casi da risa”, explica. Interpreta a la directora de una residencia para artistas de distintas modalidades en un futuro no muy lejano en el que todo está controlado por la tecnología: desde sus constantes vitales a cuánto tiempo dedican a su arte, les sugieren ángulos, puntos de vista, recuerdos… Son ayudados por una inteligencia artificial generativa que va creciendo con ellos, llamada Dalloway (como el título en francés del filme). Una de las residentes es Clarissa (a la que da vida la actriz Cécile de France), una escritora con una crisis de inspiración y un pasado que la atormenta… En ese estado comienza a dudar de su asistente virtual y de toda la organización detrás de ella y comienza a investigar por su cuenta para desenmascarar a la compañía… ¿O es todo una paranoia de la novelista?

La residencia

Para Anna Mouglalis está claro: es una amenaza real. “Yo estoy siendo muy activa con los sindicatos para intentar ponerle freno, yo no quiero que mi voz sea copiada, no quiero que me reproduzcan cuando muera. Y todo este avance tecnológico es un desastre climático, todo el mundo lo sabe, pero no quiere verlo… Porque todos los medios y las redes están en manos de multimillonarios. Vivimos una pandemia de ideas de extrema derecha, de deshumanización y de ignorancia”, suelta la actriz.

Ese debate es el que esperaba despertar Yann Gozlan y eso que leyó la novela por primera vez en 2020, en plena pandemia, cuando aún ChatGPT y las inteligencias artificiales generativas no eran parte de nuestra vida cotidiana. “Me atrajo porque tenía elementos en común con lo que vivimos entonces, el aislamiento, el sentimiento de paranoia colectivo…”, recuerda. “Pero la aparqué un tiempo y cuando volví a ella para adaptarla la realidad nos había atrapado, el futuro del que hablaba era ya nuestro presente. No estamos ante una historia premonitoria sino que más bien sirve como un espejo deformado de nuestros problemas contemporáneos”.

La residencia

Nicolas Velter

Por eso el director eligió una estética que no está tan alejada de una casa domótica actual: “El apartamento de la heroína, un espacio ecológico y de alta tecnología, es un personaje en sí mismo”, explica. Lo construyeron al detalle en el estudio de su director de arte, Thierry Flamand. “Este apartamento, que quería que fuera elegante y minimalista, rodeado de vegetación, fue concebido inicialmente como un refugio reconfortante –de ahí las curvas en las paredes y las formas redondeadas– antes de revelarse, a medida que se desarrolla la historia y progresa el desarrollo psicológico de Clarissa, la protagonista, como cada vez más angustioso y hostil”.

Así, la casa es parte de la agonía del thriller que se va cerrando sobre la protagonista y que mantiene la duda sobre el espectador. “Era importante que esta ambigüedad se mantuviera en la película, crear una residencia que pareciera acogedora y luego adoptar el punto de vista de Clarissa”, explica Gozlan y plantea, a través de su protagonista, una pregunta que apela directamente a nuestra realidad: ¿está todo en la mente de ella o existe una conspiración de las grandes tecnológicas que pretende acabar con la voluntad y libertad creativa del ser humano?

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