La llegada de Backrooms a los cines convierte en película uno de los fenómenos de terror más inquietantes nacidos en internet en los últimos años. De una imagen anónima en 4chan a un universo narrativo colectivo que ahora salta a la gran pantalla de la mano de A24.
Backrooms, dirigida por Kane Parsons y producida por A24, llega a los cines la semana que viene. Por fin lleva a la gran pantalla una de las narrativas más perturbadoras surgidas en internet en los últimos años. No se trata solo de una película de terror centrada en un monstruo, ni de otra leyenda urbana convertida en franquicia, sino de un fenómeno que ha tomado forma desde abajo, a partir de imágenes anónimas, historias compartidas, vídeos virales y un miedo muy reconocible: el de encontrarse en un lugar familiar, pero profundamente inquietante.
La historia de los cuartos traseros
Para entender qué son los Backrooms, hay que empezar con una imagen. Una habitación vacía, paredes amarillentas, moqueta, luces fluorescentes, sin ventanas y sin presencia humana. Un espacio banal, casi insignificante, que precisamente por eso empezó a generar inquietud.
En mayo de 2019, en 4chan, esa fotografía se asoció con un breve texto anónimo: si “sales” de la realidad por el camino equivocado, acabas en los Backrooms, un laberinto infinito de habitaciones y pasillos donde el zumbido de las luces de neón es constante y donde la sensación de no estar solo se vuelve más aterradora que cualquier aparición.
A partir de ahí, el concepto comenzó a expandirse. Backrooms se convirtió en una creepypasta, una historia de terror creada y difundida en línea, copiada, modificada y enriquecida por los usuarios. Cada nueva versión añadía un detalle: niveles, entidades, reglas, mapas, rutas de acceso, intentos de escape. Como suele ocurrir en el folclore digital, no hay un único autor ni una versión definitiva. Más bien, existe una idea colectiva, alimentada por internet y su capacidad para transformar un fragmento visual en todo un universo narrativo.
El fenómeno de los Backrooms es un ejemplo claro de cómo internet puede convertir una simple imagen en una mitología colectiva sin autor único.
El fenómeno de 4chan
Pero, ¿qué es 4chan? Es un foro de imágenes anónimo, un sitio organizado en foros temáticos donde los usuarios publican imágenes y mensajes sin construir una identidad pública definida.
Para bien o para mal, ha sido uno de los espacios más influyentes de la cultura de internet: memes, lenguajes, obsesiones colectivas e incluso contenido controvertido han pasado por él, a menudo gracias a su combinación de anonimato, rápida difusión y la ausencia de una estructura editorial tradicional.
En el caso de Backrooms, este contexto es crucial. El mito no nace como un producto prefabricado, sino como una intuición compartida: una imagen perturbadora, una frase capaz de despertar la imaginación y una comunidad dispuesta a relanzar, distorsionar y expandir la historia.
El foro /x/, dedicado a lo paranormal y lo sobrenatural, fue el caldo de cultivo ideal para tal idea. No había necesidad de dar demasiadas explicaciones; de hecho, la fuerza de Backrooms residía precisamente en no decir lo suficiente. El vacío dejado por la publicación original fue llenado por los usuarios, transformando un entorno anónimo en una mitología contemporánea.
El horror de Backrooms nace precisamente de lo que no se explica, sino de lo que internet decide completar colectivamente.
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El significado de los cuartos traseros
La razón por la que Backrooms funciona tan bien tiene que ver con los espacios liminales. Son lugares de paso, entornos normalmente destinados a otras cosas: pasillos, oficinas, salas de espera, escuelas vacías, hoteles desiertos, centros comerciales vacíos.
Espacios que conocemos, pero que se vuelven inquietantes cuando se despojan de su función y presencia humana. Backrooms toma esta sensación y la lleva al extremo. Dan miedo no porque representen algo explícitamente monstruoso, sino porque transforman la normalidad en una prisión.
El terror surge de la repetición, de la falta de rumbo, de la idea de que bajo la superficie ordinaria del mundo yace un entorno infinito, ilógico y, en última instancia, sin salida.
Es una forma de terror profundamente contemporánea que conecta con el miedo a perderse en sistemas demasiado grandes para comprender.
La trama de la película de A24
La película de Kane Parsons se inspira en estas imágenes y las transforma en una narrativa cinematográfica. La premisa oficial gira en torno a una misteriosa puerta que aparece en el sótano de una tienda de muebles, abriéndose a una dimensión imposible de habitaciones, pasillos y espacios aparentemente infinitos.
En el centro de la historia se encuentran Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve, atrapados en una pesadilla que toma la mitología nacida en internet y la transforma en una experiencia más física, psicológica y narrativa.
La elección de Parsons no es casualidad. Antes de la película, su nombre ya estaba vinculado a The Backrooms (Found Footage), el cortometraje estrenado en YouTube en 2022 que dio una poderosa forma visual al mito, mezclando la estética del metraje encontrado, el terror analógico y los gráficos por computadora.
Con el largometraje, esa visión llega ahora a las salas de cine sin perder su punto de partida: el miedo a un espacio que parece construido sobre recuerdos y la sensación de que algo nunca encaja del todo.
El cortometraje que lo inició todo
Por eso Backrooms es una de las películas de terror más esperadas de la temporada. No solo porque lleva un fenómeno de internet a la gran pantalla, sino porque explora un tipo de miedo que el público ya reconoce incluso antes de verlo en el cine.
Backrooms no necesita mucha explicación: un pasillo con poca luz, una pared amarilla, el zumbido de una luz de neón y la sensación de que la salida se aleja cada vez más es todo lo que se necesita. Y aun así, no es para todos…
