Victoria Luengo brilla frente a un poderoso Javier Bardem. Buenos candidatos a los premios de interpretación.
¿De qué va tu película? ¿Cuál es el tema personal? Le pregunta uno de los actores (Raúl Arévalo) al director (Javier Bardem) de la película dentro de la película de Rodrigo Sorogoyen (coescrita como siempre junto a Isabel Peña). Como ya descubrimos hace semanas, antes incluso del anuncio de la entrada de El ser querido en la competición oficial del Festival de Cannes, El ser querido arranca con el reencuentro de este director de ficción, llamado Esteban Martínez, con la hija (Victoria Luengo) a la que no veía hace años… a la que nunca vio mucho realmente, según vamos descubriendo en esa tensa e íntima escena inicial de casi 20 minutos en la que las cámaras se van acercando cada vez más a sus rostros como para intentar descubrirnos si los recuerdos que cada uno se está echando a la cara esconden verdad, su verdad. Cada uno tiene la suya… y de eso habla en parte El ser querido, del poder del relato, del que cada uno se construye, se cree y transmite y del que construyen alrededor de uno.

Alrededor de Esteban Martínez hay un relato de abuso de poder, de ser duro y hasta cruel y violento con sus equipos de rodaje, hay anécdotas de todo tipo. Ahora, en la película que ruedan en Fuerteventura, como si fuera el Sáhara Occidental, parece que está rehabilitado, que es amable, tranquilo, busca la conciliación… con su hija, en primer lugar, pero también con el resto del equipo y hasta en la industria. Hasta que algo cambia… Y esa masculinidad tóxica de su pasado estalla en una escena especialmente brillante y tensa e incómoda en la que vida y cine se dan la mano. Porque también de eso va El ser querido, del propio cine, de ese mirar la vida a través del cine, la excusa del rodaje dentro del rodaje (donde consiguen las mejores escenas del filme, por cierto) le permite hablar de esos relatos y emociones que se confunden, de ese mirar cuando suena la música y las emociones se disparan. ¿Y quizá por ahí vaya el tema personal…?
La historia central, su corazón, es la de este intento de reconciliación entre un padre y una hija, ese intento de reencontrar los relatos y recuerdos de cada uno hasta ese punto de cariño y quizá de entendimiento mutuo, de creer parte de lo que el otro recuerda y no negar lo que ella cuenta. Es quizá, en ese sentido, la película más emotiva del director (aunque, siendo probablemente su decisión consciente y coherente, quizá se habría beneficiado de añadir más emoción). Y es gracias a los dos protagonistas (y todo el reparto: Raúl Arévalo, Melina Matthews, Raúl Prieto, Mourad Ouani, Marina Foïs…) que el filme crece en esos choques e intercambios de reproches y pasados.
PD: Ah, y, no, no tiene nada que ver con Valor sentimental.
