Cannes 2026: ‘La bola negra’, Los Javis deslumbran con su ambiciosa segunda película

Cannes 2026: ‘La bola negra’, Los Javis deslumbran con su ambiciosa segunda película

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En La bola negra, Javier Ambrossi y Javier Calvo se aventuran a completar y dar contexto a la última obra inacabada de Lorca y a revisar nuestra historia desde una mirada queer.

“Era una obra sobre una decisión”, dice el personaje de Glenn Close en La bola negra. Ella es una hispanista, una biógrafa reputada que presenta un libro sobre Lorca en España y a quien acude Carlos para hablar del poeta y su obra incompleta La bola negra. La decisión ahí era para el único personaje explícitamente gay que escribiera el granadino si se decidiría a dar el paso y romper el silencio de su homosexualidad o seguiría callándola. Y en torno a ese dilema, a poder vivir libremente o hacerlo a escondidas giran las tres historias cruzadas de la ambiciosa segunda película de Javier Ambrossi y Javier Calvo, Los Javis, con la que han debutado en competición en la Sección Oficial del Festival de Cannes.

En una edición en la que las películas de mirada, personajes e historias queer han sacado bien la cabeza (Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma, The Man I Love, Garance, Coward…), La bola negra probablemente destaca aún más por lo que cuenta y por cómo lo cuenta con escenas increíblemente memorables y momentos altamente cinematográficos. Es pura ambición para su segunda película (después de La llamada) en la que se reconoce un salto de madurez y de visión que podría perfectamente encontrar un hueco en el palmarés de este Festival de Cannes.

La historia se reparte en tres: la de Sebastián (Guitarricadelafuente), soldado a la fuerza del bando nacional en 1937 en Santander; la de Carlos (Milo Quifes) en 1932 en Granada; y la de Alberto (Carlos González) en 2017 en Madrid. Entre los tres se mueve un hilo del que va tirando el personaje del presente, un hilo invisible de amor, de memoria histórica, de necesidad de reconciliación y de cierre de heridas, un hilo de amor al arte, de pensar en el arte como refugio, como cura, como apoyo… Desde La Barraca de Lorca en la que trabaja uno de los personajes (Miguel Bernardeau) a las obras y música que Alberto estudia. Y, desde luego, en toda la obra de Federico García Lorca en la que tanta gente encontró cobijo.

La bola negra

Lorca será la bandera que dé visibilidad a La bola negra en la que podría ser una interesante carrera internacional que acaba de empezar en Cannes. Las palabras del poeta se intercalan con el guion dando profundidad, sentido y emotividad a una película nos vuelve a contar la Guerra Civil desde la perspectiva del amor y la experiencia queer. Es, por eso, una película que viniendo de Los Javis, con el éxito y atención de los que gozan ahora mismo, resulta aún más relevante, redescubrir nuestro doloroso pasado desde el corazón de quienes más sufrieron, esos corazones llenos de silencio.

El arriesgado montaje que va saltando de una época a otra está salpicado, además, de escenas musicales y algunas casi fotográficas. Entre las primeras destaca muy por encima la que protagoniza Penélope Cruz como la cupletista Nené cantando a las tropas nacionales. Es una secuencia con dos canciones y una conversación entre ella y Sebastián que puede ser una de las memorables de esta edición. Pero también hay otras, más banales, en principio, como la del bar en la que Alberto comparte una fabada con su madre (Lola Dueñas) o todas las que, en realidad, comparten estos dos personajes.

Probablemente le sobre algo de intención operística y artística, funcionen mejor unas historias que otras, pero todo va conduciendo hacia un final en el que la decisión está clara: hacer la película que pueda ayudar a que otros puedan ser libres y vivir. 

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