Pawel Pawlikowski deslumbró en el Festival de Cannes con su conmovedora, brillante y bellísima Fatherland, una road movie siguiendo a Thomas Mann y su hija en su regreso a Alemania en 1949.
Ocho años después de su estreno de la magnífica Cold War, por la que ganó el premio a mejor dirección en Cannes y también el Oscar y muchos premios más, el director polaco Pawel Pawlikowski regresa a La Croisette con Fatherland, que sigue el viaje de vuelta del escritor Thomas Mann (Hans Zischler) y su hija Erika (Sandra Hüller) a Alemania, tras el exilio por el nazismo y la guerra. Vuelven para conmemorar también el 200 aniversario de Goethe y emprenden un road movie padre e hija entre Frankfurt y Weimar, las dos Alemanias que no parecen, por ahora, tan alejadas de lo que fueron. En mitad del viaje se muere otro de sus hijos, hermano de ella y la conversación sobre el legado, sobre paternidad se suman a la reflexión sobre la profunda herida de Europa y la falta de… patria.
Después de caerse el proyecto con Joaquin Phoeniex en el que llevaba años trabajando solo a dos semanas del rodaje, cuando le llegó el guion de Fatherland, lo vio claro. “Pensé que podría ser una película interesante”, ha explicado en la rueda de prensa del Festival de Cannes. “No por hacer una especie de reconstrucción histórica, sino ver si podíamos abstraer todo y centrarnos en los tres personajes y el momento, y condensar lo que fue un viaje largo y complicado”. Y vaya si lo ha condensado, su minimalismo y su manejo de la elipsis está absolutamente depurado en Fatherland, reduciendo esta profunda reflexión a menos de 80 minutos (un lujo en Cannes, donde la media de las películas sobrepasan las dos horas).
“Es una historia familiar, con un contexto histórico increíble, algo que siempre me gusta hacer: contar la historia a través de las personas, a través de las relaciones”, dijo en la rueda para explicar por qué hizo ciertos cambios respecto a la historia original: “El viaje en sí tuvo lugar con Katia, la esposa de Thomas Mann, que no era tan interesante, así que la descartamos y trajimos a Erica, que sí era muy interesante”.
Preguntado por los paralelismos entre el momento histórico en el que se sitúa Fatherland y hoy, Pawlikowski respondió: “Nada es igual a nada. Es algo muy específico. Hay nuevas tecnologías, un universo digital, un mundo nuevo y valiente al que hemos entrado: un mundo nuevo y valiente y barbarie a la vez. Es una situación sin precedentes. Hoy me siento perdido. Por eso hago películas ambientadas en el pasado”.
