Aina Clotet estrena su opera prima en la Semana de la Crítica, un arriesgado, emotivo y tragicómico debut.
Viva arranca en una escena conocida (y sufrida y temida) por muchas mujeres, tan incómoda como parece: una mamografía. El pecho estrujado, el cuerpo girado, aguantar la respiración. Y luego, el otro lado. Es un momento tan entre cómico y dramático como parece. Es toda una declaración de intenciones sobre por dónde nos llevará Aina Clotet en su opera prima, escrita (junto a Valentina Viso), producida, dirigida y protagonizada por ella misma, que llevaba años queriendo lanzarse al otro lado de la cámara, pero no ha tenido prisa en hacerlo hasta que no llegara el proyecto correcto. Y ha llegado.
Después de la genial serie Esto no es Suecia, que también creó y protagonizó y codirigió (y por la que ganó en Canneseries el premio a mejor actriz), Aina Clotet continúa en esa senda del delicado equilibrio entre comedia y drama, de tender hacia la ligereza mientras habla de temas muy serios. Si en aquella era la maternidad como gran melón social, aquí es la propia vida como su título anuncia.
Nora (Clotet) es una mujer que acaba de recuperarse de un cáncer, pero sigue con la sombra de que la enfermedad vuelva. Precisamente, tras esa mamografía aparece una duda y ella rehúye el diagnóstico, le aterroriza la muerte y empieza una desesperada carrera por vivir con más ganas. Científica que estudia cómo prolongar la vida, tiene una estable relación desde hace años, pero se cruza en su camino el primo jovencísimo de una amiga con el que empezará un affair. Nora no solo está intentando huir de la muerte, huye de su propio miedo, es incapaz de enfrentarlo y se lanza a cosas que jamás había hecho antes.

El mayor acierto de la película es el equilibrio de tono que consigue, uno arriesgado que puede salir mal fácilmente, pero no cae; se mantiene en un precipicio realista que no mira con pena ni condescendencia a sus personajes. Más bien justo lo contrario. A pesar de su enfermedad, de su delicado momento, queda claro que Nora no está siendo la mejor persona, que todo no se le puede perdonar. Es una mujer aprovechándose a veces de su situación para hacer lo que quiere sin pensar en las consecuencias hacia los demás y eso la conduce a escenas casi delirantes, como una divertidísima hacia el final en la cama y con vómito incluido.
Clotet mantiene ese punto de incomodidad con el que arranca durante toda la película, muy al límite, como una Lena Dunham en Girls pasados los 40, tomando decisiones dudosas, pero que se van comprendiendo poco a poco. Y, además, junto a esa crisis vital en la que acompañamos a su personaje nos habla de la crisis del mundo, de la ironía de que estemos destruyendo el planeta (la sequía, las olas de calor que sufren los personajes…) mientras intentamos alargar nuestra esperanza de vida.
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