Chloé Zhao (Nomadland) lleva la novela de Maggie O’Farrell, Hamnet, a la pantalla. Una historia de amor y dolor, de naturaleza y arte. De ser o no ser. De los extremos a la unión. Con Jessie Buckley y Paul Mescal.
“Los directores siempre están buscando historias que contar, pero a veces es la historia la que te dice qué director tiene que contarla”. Con esa frase arrancaba Steven Spielberg la presentación de un pase especial de Hamnet (en cines 23 de enero) durante la campaña de premios en Los Ángeles. Hablaba como productor de la película (título que comparte con Sam Mendes, Liza Marshall y Pippa Harris). Y a su lado estaba la directora a la que esta historia, escrita por la novelista británica Maggie O’Farrell, había elegido, Chloé Zhao. “Supe enseguida que era la persona adecuada porque había visto sus películas y sabía que ella nunca haría un drama histórico convencional. No quería que Hamnet fuera eso”, ha dicho la propia escritora en estos meses. “Además, Chloé no viene de una cultura que idolatre a Shakespeare y eso era una ventaja, porque tampoco quería que esta fuera una película sobre él, quería que hablara de todos ellos”.
Hamnet es la historia novelada de la relación entre Anne Hathaway (conocida familiarmente como Agnes) y William Shakespeare. Su matrimonio y vida en el campo de la que él se iba con frecuencia para desarrollar su carrera teatral en Londres. Los dos tuvieron tres hijos: Susanna, la mayor, y los mellizos, Judith y Hamnet. Todo eso fue real. También la muerte de este último y único hijo varón a los 11 años de peste. A partir de ahí O’Farrell crea un relato de duelo y amor previo y posterior a esa tragedia que culmina con la idea de que Shakespeare escribió Hamlet como forma de lidiar con el dolor y la pérdida.

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Reconociendo su básico conocimiento en el dramaturgo inglés, Zhao admite que siempre había pensado en Hamlet como “una historia de venganza” y, sin embargo, ahora la ve y la presenta en su filme “como una obra sobre la entrega de la vida”. “El resto es silencio”, la épica frase con la que culmina es para ella ahora “una rendición” a “la comprensión de que todos los seres vivos deben morir, pasando de la naturaleza a la eternidad”, explica la directora de origen chino, formada en EE UU, llegando a una idea en la que entronca todas sus películas e incluso su forma de estar en el mundo: la naturaleza. Estaba ahí en Songs my Brother Taught Me (2015), por supuesto en The Rider (2017), incluso más aún en Nomadland (2020), por la que arrasó en los Oscar; e incluso se podía ver en su salto a los blockbusters, Eternals (2021). La naturaleza no sólo les servía de escenario también hablaba por ellos, sobre todo en el caso del vaquero de The Rider y en el de Frances McDormand en Nomadland. Y algo así se repite ahora en Hamnet.
“Al tocarte he visto paisajes, océanos”, se dicen los dos protagonistas cuando están comenzando su apasionada relación. Ella es una curandera aficionada que busca en el bosque el abrazo cálido de su madre que se murió cuando era joven. Él es el tutor de los hermanos pequeños de ella. Parecen representar dos formas extremas y contrarias de acercarse al mundo, en principio, desde lo terrenal, visceral y sensorial, o desde lo intelectual, desde la palabra. Desde lo femenino, desde lo masculino. Pero en esa polaridad se encuentran y se unen. Y en la polaridad encontró Zhao otro pilar de su adaptación. “Cuanto mayor es la polaridad, más poderosa se vuelve la unión”, cuenta.

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Y ahí basó la interpretación de sus dos actores protagonistas: Paul Mescal en quien vio “a un Shakespeare sexy” y Jessie Buckley, la única opción posible para la directora “por el fuego que lleva dentro”. Ambos, por cierto, habían coincido en La hija oscura, de Maggie Gyllenhall, aunque nunca compartieron rodaje o pantalla en ella. Era su primera vez trabajando juntos realmente. Y con ambos trabajó desde los ensayos en esa división de ideas, de caracteres, de emociones. “Quería que Paul fuera el orden y Jessie, el caos absoluto”, cuenta Zhao porque, además, en esa búsqueda de equilibrio entre caos y orden cree que está el secreto de dirigir una película.
Y, al final, es la polaridad shakespeariana definitiva: el “ser o no ser”. Vida y muerte. Amor y dolor. De eso va Hamnet, una adaptación, escrita a cuatro manos entre Zhao y O’Farrell, de alto voltaje emocional en la que se eleva el poder de las historias, del arte y de la ficción como forma ayudar a mitigar, dirigir y asumir.
