Kike Maíllo recluta al colectivo Carmen Mola para dar forma a ‘Dos tumbas’: “Había que sacar del estándar del abuelismo al personaje de Kiti Mánver”

Kike Maíllo recluta al colectivo Carmen Mola para dar forma a ‘Dos tumbas’: “Había que sacar del estándar del abuelismo al personaje de Kiti Mánver”

Dos tumbas

Dos tumbas, dirigida por Kike Maíllo, supone un giro tan inesperado como necesario al clásico thriller. En un panorama atestado de inspectores de policía con pasados tortuosos, detectives privados al rescate de un caso sin resolver y héroes y heroínas repentinas, esta vez quien busca venganza es la abuela Isabel, interpretada por una espectacular Kiti Mánver. El motor de esta historia recae por fin en una mujer de más de 70 años que se niega a dar por cerrado el caso de la desaparición de su nieta y empezará las pesquisas por su cuenta. “Teníamos claro desde el principio que era nuestra protagonista, no hubo ni casting”, explica Maíllo. “De hecho, ella es la razón de ser de la serie, este tipo de personaje lo suelen interpretar hombres con ciertas skills y nosotros queríamos a una abuela, abuela”.

Probablemente, dar cabida a un personaje como el de Isabel en una historia movida por la venganza sea lo que da a Dos tumbas ese aire tan costumbrista que hace que no sea un thriller cualquiera. Una abuela que no va a echarse a un lado y que liderará una investigación manteniéndose errática y realista. “Es tan potente y tira tanto del barco que es capaz de tirar del hilo, pero claro, la caga porque no es una heroína de acción al uso”, cuenta el director. “Tiene fortalezas, pero queríamos bajar el personaje a tierra. Al límite de lo creíble. La idea era que no pensaras: ‘Esto no lo puede hacer mi madre’”.

Detrás de un personaje tan clásico como revisado están los guionistas Santos Mercero, Jorge Díaz y Agustín Martínez, tres nombres que a algunos no les sonarán demasiado, hasta que mencionemos a Carmen Mola. Ellos son los escritores detrás del seudónimo que ha publicado éxitos literarios como La novia gitana o La red púrpura. Según cuenta el director, la serie nace en el seno de su propia productora, y entonces contactaron con ellos. Enseguida se involucraron en el proyecto. Pronto se percató de la complicidad de este trío de novelistas de largo recorrido. “Tienen el culo pelao de trabajar juntos. Se repartieron el material y cada uno lidera uno de los tres capítulos, y Agustín coordinaba”, nos desvela Maíllo. “Los materiales estaban bien desde el principio, no ha hecho falta mucha intervención. Sólo acabar de pulir”.

Junto a Kiti Mánver, y completando el trío protagonista, están Álvaro Morte y Hovik Keuchkerian. Maíllo ya había trabajado con Hovik en Toro (2016), y a cualquiera que visualice a estos dos actores le ocurrirá lo mismo que a los productores que, según cuenta Maíllo, tuvieron algo de confusión cuando planteó el casting: “Propuse a Álvaro y Hovik, pero pensaron que Hovik sería el mafioso y Álvaro el padre de familia”. Yo lo quería al revés. Queríamos llevar a Álvaro a un sitio más bruto: es un malo, pero está cargado de emoción y razones. Y con Hovik, hablar de las tensiones paterno-filiales con su madre”.

Curiosamente, el personaje que interpreta Morte no siempre tuvo ese perfil. “Era sueco y luego quisimos hacerlo más de la tierra”, revela el director. Esa transformación sirvió para anclar el personaje al contexto andaluz y reforzar la carga emocional que arrastra, más allá del arquetipo del villano. Precisamente, las tensiones familiares son la subtrama que hace de Dos tumbas un thriller que trasciende la resolución del misterio y que apuesta por la inversión de roles. En Isabel y su familia, Maíllo encuentra figuras tan poderosas como revisadas: “Había que sacar del estándar del abuelismo al personaje de Kiti. Es una mujer hecha a sí misma que tomó decisiones que no siempre han gustado a la familia, medio hippie, que se fue para vivir su vida en lugar de quedarse a cuidar. Normalmente es un rol que se cuenta con los géneros intercambiados, el padre ausente y la abuela que se echa la familia a la espalda”.

La localización es la guinda del pastel para este guion, como lo cuenta Maíllo: “Siempre quería patente el contraste en el relato, una abuela, pero no tierna, un antagonista, pero con emoción, y lo mismo con la localización, una zona pura y blanca pero que cuando llega la noche pasan cosas oscuras. La mitad de mi familia es andaluza y tenía muchas ganas de volver. Es una zona que ofrece pureza y amargura”.

Con sólo tres capítulos, Dos tumbas se concibe como una miniserie compacta y de duración atípica. “Así los finales son más abruptos. No queríamos más para que no sobrase nada y no estirarlo innecesariamente”, dice Kike Maíllo, que, por el momento, tiene claro que esta historia acaba aquí: “No podemos entrar en el terreno del spoiler, pero en principio, para cuando ocurre esa gran escena final, creo que la familia lo tiene todo muy resuelto”.

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