Basada en la colección póstuma de relatos de la escritora fallecida prematuramente, Michela Murgia, rodada en italiano con estrellas italianas, Alba Rohrwacher y Elio Germano, Tres adioses (estreno 6 de febrero), la nueva película de Isabel Coixet (nuestra contraportada de BEST MOVIE), se centra en el final de una historia de amor, del que se desprenden otras historias irónicas y mordaces.
Por Irene Crespo y Marta Perego
Marta y Antonio se aman. Pero, como suele ocurrir en las historias que abarcan el tiempo, la pasión se desvanece, la intimidad se quiebra y la vida cotidiana se vuelve distante. Antonio (Elio Germano) es un ambicioso chef, comprometido con revivir la cocina romana en un nuevo restaurante. Marta (Alba Rohrwacher) es una exatleta, ahora profesora de educación física en un instituto. Tras una discusión aparentemente trivial, Antonio la abandona. Marta, profundamente afectada por esa separación, deja de comer. Cree que es el dolor del final, la herida del amor. Pero descubre, en cambio, que la causa tiene un nombre diferente y mucho más feroz: es una enfermedad que lo pone todo en tela de juicio.
Tres adioses, dirigida por Isabel Coixet, es la adaptación de una obra difícil de traducir a la gran pantalla: la colección de relatos homónima publicada por la escritora y activista italiana Michela Murgia poco después de su muerte. 12 historias, algunas interconectadas, otras independientes, que abordan temas profundos: la enfermedad, el amor, la pérdida, la paternidad e incluso el mundo de los ídolos del K-pop, siempre imbuidas de la ironía íntima y mordaz que hizo de Murgia una voz tan única y vibrante, como controvertida en Italia por su postura abierta contra la primera ministra Giorgia Meloni y su feroz defensa del feminismo.

Mientras Murgia ofrecía en su libro, titulado Tres cuencos, un caleidoscopio de la existencia a través de historias aparentemente distantes pero entrelazadas –una escritora descubre que tiene un tumor, pero gracias a los médicos se da cuenta de que la complejidad que la enfermedad le trajo es parte de ella; una mujer odia a los niños cuando descubre (quizás) que lleva uno; un hombre abandona a una mujer, pero vive prisionero de su memoria; hay personajes que se enamoran de figuras de cartón de cantantes coreanos para superar la soledad, y una mujer que vomita para rebelarse contra las distorsiones de la vida–, Coixet reúne claves narrativas y las entrelaza en torno a la historia de amor de Marta y Antonio.
Junto a ellos, muchos otros personajes ofrecen un mosaico de relaciones: la hermana de Marta, interpretada por Silvia D’Amico, tendrá que abandonar su egocentrismo para cuidar de su hermana; Francesco Carril es el colega que ofrecerá a Marta una nueva esperanza; Sarita Choudhury (Nieva en Benidorm), la médica que le dará a Marta una nueva perspectiva sobre su situación…
Tres adioses se estrenó mundialmente en el pasado Festival de Toronto y después inauguró la 70 edición de Seminci en el mes de octubre, hablamos con Isabel Coixet sobre comida, Michela Murgia, Alba Rohrwacher, su Roma y cuánto volcó de ella misma en el papel de Marta en esta película que no habla de muerte o despedidas, ni de grandes épicas, sino de rutinas, de cómo vivir y disfrutar de un helado y un plato de pasta.

Tres adioses es una colección de relatos, ¿cómo trabajas con tu coguionista, Enrico Audenino, en el guion hasta dar con los personajes de Antonio y Marta?
Lo primero que nos dijimos fue: ‘¿Qué hacemos con todas estas historias?’ No fue fácil. Personalmente, no me gusta hablar de la COVID-19, y algunas historias trataban sobre ello. Elegimos tres historias y construimos a partir de ellas los personajes de Antonio y Marta, que para mí representan una especie de yin y yang, dos personajes que me conmovieron profundamente. Empezamos a partir de ahí, contando su historia de amor y separación.
La historia de amor entre Antonio y Marta es una historia real, que evita los clichés románticos y confronta al espectador con la realidad de un amor que perdura en el tiempo… Es un amor real, no uno prefabricado.
He contado muchas historias de amor en mis películas, pero en este caso era importante mostrar la vida cotidiana. A veces la gente se separa por muchas cosas pequeñas, que por sí solas no son serias, pero que juntas conducen a la ruptura. Al principio de la película, vemos a una pareja aburrida que se burla. Es la vida real. Y quería mostrar que, a pesar de todo, esa pareja también tuvo momentos hermosos. Por eso usé flashbacks: para mostrar lo que sucedió.
¿Cómo llegas a Alba Rohrwacher y Elio Germano?
Alba ya estaba en mi cabeza incluso antes de escribir el guion. Para mí, es la actriz perfecta para este papel. Tiene una profundidad y una contradicción que me fascinan. Siempre que la veía me gustaba mucho, me transmitía una verdad que me gustaba y que tiene mucho que ver conmigo. Para mí, era muy importante, antes de empezar incluso a escribir el guion, saber que ella estaba con nosotros en la película. Quedamos en Roma a tomar un café y le di un tratamiento, una pequeña estructura, no tuve ninguna duda de que era ella. Elio, en cambio, aporta una gran humanidad. Ambos se encuentran entre los mejores actores de Europa y trabajan muy bien juntos. Desde el primer momento en la moto, entiendes que son una verdadera pareja. También tuve claro lo de Francesco [Carril], que es maravilloso, yo sabía que su madre era de Pisa, de la Toscana y que hablaba italiano como un nativo. Y pensé que iba con él y, de hecho, ampliamos su personaje. Y con Sarita, es la tercera vez que trabajaba con ella, sabía que había crecido en Italia, pero es la primera vez que rueda allí.
Alba ha contado que este papel ha sido uno de los que más le ha costado por el dolor que tenía que cargar de su personaje, la responsabilidad del texto de Michela…
Sé que Alba empezó abrazando a este personaje y luego sí que fueron apareciendo miedos completamente comprensibles, ¿no? Yo me acuerdo estar en el escáner con la misma médica que fue la que le dijo a Michela Murgia “tienes los días contados”. El fantasma benigno de Michela sí que estuvo con nosotros. Y yo lo sentí, en el Trastevere, que es el barrio donde ella vivía. El bar que aparece, Cambio, era el bar donde ella cenaba todos los miércoles en la misma mesa con Roberto Saviano. Ha habido una presencia de ella que era bonita, pero que a la vez te imponía, ¿no? Y que para mí también era… es decir, esta mujer acaba de morir, esta mujer todavía y durante mucho tiempo va a ser un icono en la cultura italiana.

Un personaje, además, muy controvertido.
Yo lo he visto, iba a una fiesta o a una cena, en una de esas terrazas maravillosas de Roma y hablaba de la película, la mitad de la mesa ponía cara de horror y la otra mitad estaba encantada. Todos los días en la prensa italiana sale alguna referencia a ella, se está publicando todos los textos póstumos y hay mucha gente que la encuentra a faltar y otros que la detestan abiertamente. O sea, Meloni la detesta, te lo digo. Porque una de las cosas más bellas que Michela dijo antes de morir fue que se iba a ir de esta vida bien, porque había tenido una buena vida, pero que su única tristeza era que se iba con un gobierno fascista en Italia. Y esto fue un escándalo, hasta Meloni tuiteó contra ella. Fue un acto de gran valor al que muy poca gente se atreve… Elio Germano, por ejemplo, es otro nombre muy comprometido, que ha dicho cosas fuertes contra Meloni.
¿No sabías mucho de ella antes de esta película?
Había leído La acabadora y me pareció una novela increíble. Pero no conocía a Michela Murgia como figura pública, como personalidad mediática. Después de empezar la película, hablé con mucha gente cercana a ella y me contaron mucho sobre ella. Al final, tuve la sensación, aunque no sea cierto, de que la conocía. Creo que sus pensamientos cobrarán aún más importancia con el tiempo.
¿El personaje de Marta es un poco Michela?
Es un personaje que tiene raíces en la historia de Michela, pero que no es ella para nada. Es alguien con una personalidad muy definida, es alguien que va siempre como al meollo de las cosas, a la esencia, que no le gustan los actos sociales, que le gusta que la dejan tranquila y no la obliguen a ir a estas cenas de profesores, que no le gusta toda esta turistificación de Roma, y en ese sentido, yo creo que Alba ha encarnado un personaje que es mitad Michela y mitad ella.
¿Y parece que tenga algo de ti también?
Sí, también bastante. Me siento también muy identificada con ella. No voy en bicicleta tan bien como ella y menos en esos adoquines de Roma, lo he intentado, guau… Pero sí es un personaje que tiene mucho que ver conmigo. Hay frases de la película que he escrito yo, que es lo que yo pienso, cosas que pienso sobre la vida, sobre el final de la vida y sobre cómo afrontar todo eso. Si hay algo que me gustaría que el público se llevara de la película, una de las frases, “me hubiera gustado saber todas estas cosas antes”, y ese tú se dirige al público, tú tienes todavía tiempo.
La enfermedad parece el tema central, pero, de hecho, le dais la vuelta.
Cuando el productor Riccardo Tozzi me propuso el libro, tuve miedo. Pensé: “No, otra película sobre la enfermedad, por favor”. Pero Michela Murgia describió la enfermedad de otra manera. No como una batalla, sino como otra forma de ver la vida. Experimenté algo similar con una amiga. Quería mostrar esto: una mujer que afronta su enfermedad sin sensacionalismo, en soledad, pero también con fuerza. Marta no tiene un gran círculo de amigos. Vive su condición con profundidad y claridad. Su gran decisión es transformar algo trágico en una oportunidad para redescubrir la vida.
Otro de los aspectos que emerge en la película también es la idea de amor de Michela Murgia: un amor que va más allá de las relaciones tradicionales y sigue vivo incluso en nuestra ausencia.
El amor no termina con una relación. Si has sido una buena presencia en la vida de otras personas, algo perdura. No hablo de gestos heroicos, sino de pequeñas cosas. Tres adioses no es solo una película sobre el amor, la enfermedad o la muerte. Es una película sobre lo que significa estar vivo. Hay quienes mueren a los 90 sin haber vivido realmente. Y quienes, incluso en poco tiempo, dejan una profunda huella.
La película retoma una de las frases más hermosas de la historia de Michela Murgia, en la que la enfermedad se describe como una consecuencia de la complejidad humana: los humanos podemos aprender coreano y escribir libros, pero nos enfermamos. Los seres unicelulares, como las amebas, no se enferman… pero no escriben libros ni aprenden idiomas…
Michela dijo que no somos organismos unicelulares: somos capaces de aprender coreano, de amar, de sentir dolor. Pero precisamente porque somos complejos, nos enfermamos. Es una hermosa reflexión. Y nos recuerda que la enfermedad no es algo que debamos combatir a toda costa, sino parte de nuestra complejidad.
Dato curioso: en la película, aparece una estrella coreana en una figura de cartón… ¿Es realmente famoso?
[risas] ¡No! O al menos, no lo sé. Pero tenía que parecer real. A Michela Murgia le encantaban los ídolos del K-pop. A mí no, pero esa figura representa la soledad de Marta. Si una estrella de cartón te hace compañía, o tres cuencos, está bien. Lo importante es poder expresar lo que llevas dentro.

La comida juega también un papel central en la película: Antonio es chef, y los tres cuencos [del título de la novela] son donde Marta empieza a organizar su comida para cuidarse. Y la comida siempre es importante para ti.
La comida es increíblemente importante para mí. Cuando no tengo ganas de comer, sé que algo anda mal en mi mente. La comida siempre está presente en mis películas, porque está vinculada al placer, pero también a la paz mental. Cuando comemos desordenadamente o nos metemos cosas que sabemos que no nos hacen bien, es una metáfora muy clara: hay incomodidad. Las mujeres, en particular, tienen una relación compleja con la comida, porque también afecta su autoimagen. Los tres cuencos son un símbolo poderoso: ¿qué ponemos en ella? ¿Qué proyectamos en los demás? Esta también es una forma de hablar del amor y el dolor.
“Somos lo que comemos”.
Claro, yo leía a Feuerbach en la universidad. Ahora yo creo que nadie lee a Feuerbach, que es algo un poco anacrónico. Pero sí creo que ese libro que habla de comida es de las cosas de Feuerbach más actuales y más vigentes. Hay algo del simbolismo de la comida, lo que ponemos, lo que no ponemos… todo se juzga.
Roma también es protagonista de la película, pero de una forma diferente a la habitual. ¿Viviste en Roma?
Sí, estuve mucho tiempo, y ya había estado antes mucho tiempo, trabajando allí en publicidad. Siempre me han interesado los barrios que no son el centro histórico, quería huir de ahí. No quería hacer la típica postal. Quería mostrar la Roma que amo: Testaccio, Pigneto, ciertos rincones del Trastevere. Las personas mayores en el bar, el macchiato a las siete de la mañana, los pequeños detalles. Para Marta, estas personas representan lo que ella nunca podrá llegar a ser. Pero también es una forma de ser parte de la ciudad, del mundo. Se aleja de esta cosa época que tiene, por ejemplo, La gran belleza, de Sorrentino, que me encanta, pero esto es otra cosa: esta es la Roma del profesor que va en Vespa, y la chica en bicicleta, de una cierta clase social más modesta, menos pomposa, no hay condes, ni duques, ni nada… Hay un tipo que tiene un restaurante modesto con un socio y una mujer que da clases de gimnasia en un instituto. No hay ningún personaje que justifique esa visión de Roma como el gran decorado. Y a mí, de hecho, las cosas que se dicen de Roma son las cosas que me gustan: las vírgenes escondidas, polvorientas, vigilantes, las paredes desconchadas…
La película ha sido un éxito en Italia.
Sí, la verdad es que yo tenía un poco de… Justamente por lo que hablaba de Michela, cuánta gente la odia, que no hace tanto que ha muerto… Y me preocupaba un poco eso, pero luego he visto que ha funcionado muy bien y ha gustado tanto a gente que había leído la novela, como a gente que no la conocía.
¿Qué esperas que se lleve el público, especialmente los lectores de Michela?
Trabajamos con gran respeto y admiración, pero también nos tomamos las libertades necesarias para que las historias tuvieran un toque cinematográfico. Una de las cosas más bonitas que escuchamos de personas cercanas a Michela fue: “Creo que a Michela le habría encantado esta película”. Eso fue lo que más me alegró.
Foto: Gareth Cattermole (Getty Images)
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