Sophie Deraspe lleva al cine la historia real de Mathyas Lefebure en ‘Hasta la montaña’: “Todo el equipo estaba preparado para enfrentarse a la vida e incluso a la muerte en esos días”

Sophie Deraspe lleva al cine la historia real de Mathyas Lefebure en ‘Hasta la montaña’: “Todo el equipo estaba preparado para enfrentarse a la vida e incluso a la muerte en esos días”

Hasta la montaña

Hasta la montaña es la historia real de Mathyas Lefebure, un publicista que dejó su vida en Canadá para cuidar ovejas en el sur de Francia y que Sophie Deraspe ha llevado al cine.

“Por qué tenemos que ir tan deprisa, por qué tenemos que hacer tantas cosas, por qué tenemos que ir corriendo a todos lados: creo que todos nos hemos hecho alguna vez este tipo de preguntas”, dice la cineasta canadiense Sophie Deraspe (Les loups, Antigone). Ella se las planteó cuando leyó las memorias de Mathyas Lefebure, un publicista de Montreal que un día decidió romper con ese modo de vida capitalista y marcharse a las montañas del sur de Francia para vivir como pastor trashumante. ¿Por qué? Esa era la pregunta curiosa y casi sospechosa que despertaba entre los pastores y agricultores de los alrededores de Arles.

“Porque me gusta la naturaleza, porque me gustan las ovejas”, responde Félix-Antoine Duval, que interpreta a Mathyas en Hasta la montaña, la adaptación cinematográfica de esas memorias. Un reto que Deraspe comenzó alrededor de la pandemia, cuando todos, de algún modo, buscábamos esa reconexión con la naturaleza.

“El libro es muy intelectual, explica su experiencia y su pensamiento detrás de esa decisión con muchas palabras, muchas reflexiones, mucha filosofía y metáforas… Es normal, es un cambio demasiado radical, de la gran ciudad a la montaña en soledad, pero yo necesitaba más imágenes y menos palabras. Mi primer reto era expresar esa filosofía de forma cinematográfica”, explica la directora. Y lo consiguió viajando a los mismos lugares en los que se sitúa la historia. De hecho, su primera visita a Arlés y a esa zona de los Alpes fue junto a Mathyas.

“Me introdujo en ese mundo y luego volví varias veces por mi cuenta; necesitaba encontrar otros sitios porque los que él conoció hace veinte años ahora están demasiado alterados por el cambio climático o la mano del hombre”, cuenta Deraspe. “Además, quería que esta película fuera mi propio viaje personal de descubrimiento: quería oler esos lugares, sentirlos, conocer a su gente para descubrir cómo transformarlos en imágenes”.

Así conoció a Jean-Pierre, un pastor que se mueve entre pastos de montaña con sus 3.000 ovejas, a quien acompañaron durante cuatro días de rodaje. “Todo el equipo estaba preparado para enfrentarse a la vida e incluso a la muerte en esos días”, recuerda la cineasta, y la vivieron: fueron testigos del nacimiento de corderos y de la muerte de otros, porque la naturaleza no es idílica.

“Creo que mostramos esa idea de que puede ser brutal, algo que el propio Mathyas aprendió con su experiencia”, relata Deraspe. Y lo mismo les ocurrió a ellos, que vivieron tanto la paz de esos rebaños que se “desplazan como un río” como la crudeza de las tormentas sin resguardo.

“Rodamos cronológicamente, pasamos diez días en lo alto de las montañas y solo teníamos que dejar que la vida pasara. Y pasó. Como un milagro”, recuerda. “Pero me siento muy agradecida de que la vida, la naturaleza y los animales nos hayan regalado tantas escenas maravillosas”.

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