“Porque me gusta la naturaleza, porque me gustan las ovejas”, responde Félix-Antoine Duval, que interpreta a Mathyas en Hasta la montaña, la adaptación cinematográfica de esas memorias. Un reto que Deraspe comenzó alrededor de la pandemia, cuando todos, de algún modo, buscábamos esa reconexión con la naturaleza.

“El libro es muy intelectual, explica su experiencia y su pensamiento detrás de esa decisión con muchas palabras, muchas reflexiones, mucha filosofía y metáforas… Es normal, es un cambio demasiado radical, de la gran ciudad a la montaña en soledad, pero yo necesitaba más imágenes y menos palabras. Mi primer reto era expresar esa filosofía de forma cinematográfica”, explica la directora. Y lo consiguió viajando a los mismos lugares en los que se sitúa la historia. De hecho, su primera visita a Arlés y a esa zona de los Alpes fue junto a Mathyas.
“Me introdujo en ese mundo y luego volví varias veces por mi cuenta; necesitaba encontrar otros sitios porque los que él conoció hace veinte años ahora están demasiado alterados por el cambio climático o la mano del hombre”, cuenta Deraspe. “Además, quería que esta película fuera mi propio viaje personal de descubrimiento: quería oler esos lugares, sentirlos, conocer a su gente para descubrir cómo transformarlos en imágenes”.
Así conoció a Jean-Pierre, un pastor que se mueve entre pastos de montaña con sus 3.000 ovejas, a quien acompañaron durante cuatro días de rodaje. “Todo el equipo estaba preparado para enfrentarse a la vida e incluso a la muerte en esos días”, recuerda la cineasta, y la vivieron: fueron testigos del nacimiento de corderos y de la muerte de otros, porque la naturaleza no es idílica.
“Creo que mostramos esa idea de que puede ser brutal, algo que el propio Mathyas aprendió con su experiencia”, relata Deraspe. Y lo mismo les ocurrió a ellos, que vivieron tanto la paz de esos rebaños que se “desplazan como un río” como la crudeza de las tormentas sin resguardo.
“Rodamos cronológicamente, pasamos diez días en lo alto de las montañas y solo teníamos que dejar que la vida pasara. Y pasó. Como un milagro”, recuerda. “Pero me siento muy agradecida de que la vida, la naturaleza y los animales nos hayan regalado tantas escenas maravillosas”.
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