Cannes 2026: ‘Fjord’: La polarización de nuestras sociedades en el salto internacional de Cristian Mungiu

Cannes 2026: ‘Fjord’: La polarización de nuestras sociedades en el salto internacional de Cristian Mungiu

Cristian Mungiu Fjord

El director de 4 meses, 3 semanas y 2 días recibe 10 minutos de ovación en el estreno de Fjord, con Renate Reinsve y Sebastian Stan.

19 años después de ganar la Palma de Oro con la magistral 4 meses, 3 semanas y 2 días, y 10 desde que se llevara el premio a mejor dirección por Los exámenes, en su quinta entrada en competición, el rumano Cristian Mungiu regresa a Cannes con Fjord, la que supone su gran salto internacional fuera de sus fronteras, con rostros de Hollywood y otros presupuestos (respaldado por Neon). 

Sebastian Stan y Renate Reinsve protagonizan este drama social, cultural y familiar en el que Mungiu se extiende en el retrato de las contradicciones morales de nuestra sociedad y el peligro de una implacable polarización.

El actor de Marvel y la actriz noruega de Valor sentimental o La peor persona del mundo interpretan a una pareja de doble nacionalidad: él es rumano, ella, noruega, tienen cinco hijos y Fjord arranca con ellos instalándose en Noruega, precisamente en uno de esos pequeños pueblos en las laderas de fiordo, rodeados de agua, montañas, nieves, aludes… La pequeña comunidad les recibe con amabilidad y protocolo nórdico, en el colegio, en el vecindario, en la iglesia… En seguida descubrimos que es una familia muy religiosa, de rezo diario y de considerar pecado hasta el baile o la música moderna.

Cristian Mungiu Fjord

Cuando un día en el colegio una de las profesoras descubre unos moratones en la espalda y cara de la hermana mayor, se disparan las alarmas y denuncian a la pareja por abuso retirándoles temporalmente a los niños mientras investigan.

Mungiu arranca en ese momento una inteligente (aunque más subrayado de lo habitual en él) exposición del choque cultural, entre Noruega y Rumanía, entre una sociedad laica y muy católica, desde la explicación y entendimiento sobre si un azote es maltrato o si lo es educar a unos niños solo en la Biblia, en creencias como el rechazo a la homosexualidad o el castigo físico como educación.

El director rumano, como siempre hace, con precisión, va presentando todo los lados del problema, con momentos más brillantes que otros, en una película que, quizá por su vocación internacional (¿con pretensión de Oscar?), está más sobreexplotada y masticada que en el cine de este maestro del drama social y tenso. Aun así, una buena película que podría, con lo visto hasta ahora, podría acabar en el palmarés.

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