La historia de amor entre la abogada Ana (Clara Lago) y Daniel (Tamar Novas), hijo de un narcotraficante gallego y heredero del clan de los Padín, se convirtió en la serie de habla no inglesa más vista en Netflix en la semana de su estreno en 2024. La segunda temporada de Clanes arranca tres años después de la última vez que vimos a Ana y Daniel y, aunque han intentado alejarse del narcotráfico, acaban sumergidos de nuevo en él. Sus caminos volverán a cruzarse en Cambados, pero esta vez en bandos opuestos, más Montescos y Capuletos que nunca. A los flecos sociales, policiales y románticos que quedaban sueltos, se sumarán otros, así como nuevos personajes, destacando el fichaje de Luis Zahera y su papel de Paco. Será la idea de familia la que condicione a los protagonistas. “Es ese punto de las relaciones de familia, de la lealtad a los tuyos, de cuál es tu familia, si aquella de la que vienes o la que creas, y qué pasa cuando las dos entran en conflicto”, explica su guionista Jorge Guerricaechevarría.

La historia de los Padín se inspira en la realidad, en la Operación Nécora de los años 90. De hecho, Padín es el apellido del testigo que propició la caída del clan de los Charlines y que Guerricaechevarría ya utilizó también en Quién a hierro mata (2019) para uno de sus personajes. Para esta segunda temporada, volvieron sobre el terreno. “Nos hemos basado otra vez en historias reales que hemos ido viendo por el camino”, explica el guionista habitual de Álex de la Iglesia. “El mundo del narcotráfico parece que siempre es igual, pero va variando, aparecen nuevos jugadores en el tablero y nuevas rivalidades”.

En esas estará Padín padre (Miguel de Lira), el jefe del clan que, después de pasar años en la cárcel, debe defender su posición ante un nuevo capo de la droga. Se pondrá en marcha un duelo sobre el terreno que, a días, se trasladará también a una partida de dominó en el bar, o viceversa. “Una especie de metáfora de quién domina el campo del narcotráfico en la zona y el juego”, continúa Guerricaechevarría. A medida que se suceden las partidas, la historia va cogiendo velocidad y entran en escena nuevos cárteles, más agentes de la autoridad, se abre alguna grieta en el concepto de familia y, como si de un polvorín se tratara, todo está a punto de estallar. Porque en esta temporada no faltan los escenarios internacionales, pero todo confluye en Galicia. “Son gente que, en muchos casos, tienen muchísima pasta, que podrían vivir donde quisieran y venir a hacer operaciones, pero a ellos les encanta vivir allí —explica—. Me parece que ese contraste entre ese mundo de la droga en ese marco verde, en ese mundo de lugares muy comunes, donde no hay una violencia aparente, funciona muy bien y le da un punto de personalidad a la serie”.
