Alba planas protagoniza ‘Day One’: “Es un thriller con un ingrediente que hasta ahora no había visto como espectadora, un debate en torno a la IA”

Alba planas protagoniza ‘Day One’: “Es un thriller con un ingrediente que hasta ahora no había visto como espectadora, un debate en torno a la IA”

Day One

Los dilemas éticos y las dudas a las que los avances tecnológicos nos están enfrentando se ponen sobre la mesa en Day One, un thriller de ritmo frenético sobre el que planea una pregunta: ¿hasta dónde podemos llegar sin perder lo que nos hace humanos?

Day One es el nombre que se le da al día en que se lanza un avance que aspira a cambiar radicalmente la vida de las personas. También es el título de la nueva serie de Prime Video y, para que no te cueste mucho recordarlo, es además el del revolucionario dispositivo en torno al que gira parte de su trama y que promete —o amenaza, según a quién uno le pregunte— con cambiar el mundo.

“Es un thriller, pero con un ingrediente que hasta ahora no había visto ni como actriz ni casi como espectadora, y es que genera un debate, que está a la orden del día, en torno a la inteligencia artificial y cómo nos está dando muchas herramientas y avances, pero también tiene una parte de pérdida de derechos individuales o de privacidad”, resume Alba Planas (La virgen roja), que interpreta a Rebeca, una estudiante de programación.

Ante la llegada de esta tecnología disruptiva, Samuel Barrera (Asier Etxeandia), una de las personas que ha ayudado a desarrollarla, contacta con su amigo Ulises Albet (Álex García) para advertirle de lo que podría suponer para la humanidad. Ulises, un prodigio de la informática que lleva diez años viviendo en el campo y fuera del mundo digital, se verá obligado a volver a Barcelona. En ese regreso acabará envuelto en persecuciones, reencuentros con su pasado e intrigas y, por el camino, conocerá a Rebeca. Él, obsesionado con borrar el rastro digital, y ella, una friki tecnológica, acabarán construyendo una amistad. “Son una extraña pareja y creo que eso es lo que funciona. Se nutren el uno al otro por sus diferencias”, reflexiona Alba.

Y sin comerlo ni beberlo iniciarán una carrera contrarreloj en la que tendrán enfrente a Damian Diskin (Jordi Mollà), un gurú tecnológico. La inspiración para su personaje estuvo precisamente ahí, en uno de los mayores gurús de nuestro tiempo. “En cuanto leí mi primera frase en un fórum que [Diskin] da una charla, dije: ‘Steve’. Yo soy un gran admirador de Steve Jobs y, si levantara la cabeza, diría: ‘Yo solo quería hacer un device que pudiera hacer cosas mágicas’”, explica Jordi.

El debate de este tiempo
Para dar vida a esa Rebeca de cejas decoloradas, mechones teñidos y gusto por la moda (nada de clichés gafapasta), Alba —que asegura ser algo torpe con la tecnología y bastante reacia a ciertos avances que asocia con el capitalismo y la velocidad a la que va el mundo— habló con amigos y conocidos que se mueven en este mundo más techy. “Lo que necesitaba entender para interpretarla era cómo una persona puede sentir tanta pasión por el mundo de la tecnología y los ordenadores. La pasión yo la relacionaba con algo más artístico o vocacional”, razona.

Después del rodaje, asegura que su opinión sobre los avances tecnológicos ha cambiado. “Lo que más suena es lo más catastrofista, pero la tecnología forma parte de los avances en medicina y en calidad de vida. Vivimos con las comodidades que vivimos también por esto. La inteligencia artificial no es mala de por sí; puede ser malo o bueno el uso que hagas de ello, como todo”.

En una línea bastante parecida se mueve Jordi: “Tecnológicamente, como usuario, soy un desastre; pero, a nivel de visión, creo que todo lo que es tecnología, de raíz, puede ser muy bueno. El problema es el uso. Cualquier nueva aplicación, sistema operativo… está bien, pero es saber usarlo y que no te use a ti. Es muy simple y también muy antiguo en el fondo”.

Una Barcelona algo futurista

Day One se ha rodado en Barcelona, en escenarios reales tanto exteriores como interiores y sin apenas platós. Pero no en la Barcelona que estamos habituados a ver en la ficción, más soleada y modernista. Esta es una Barcelona tirando a futurista, por el brutalismo de muchas de las construcciones que aparecen en pantalla y donde el protagonismo es para edificios como la Torre de Collserola o la de Glòries y su fantástico mirador 360º. “Barcelona siempre ha sido una ciudad muy chispeante y creo que es perfecto que pasara allí. Geográficamente, no habría sabido dónde contextualizar esta serie”, resume Jordi.

Además, el rodaje coincidió con el Mobile World Congress, donde recrearon alguna secuencia. “Fue una experiencia loquísima y me encantó porque es un lugar en el que jamás me hubiese imaginado estar”, recuerda Alba. Y sí, muchas de las escenas de interior se rodaron en el propio Sincrotrón ALBA, una infraestructura científica en Cerdanyola del Vallès donde se aceleran partículas para producir luz de sincrotrón. Solo hay unas treinta más en el mundo.

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