Tú, yo y la vaca, cortometraje con el que la debutante Aina Callejón participó en mayo en la sección Le Cinef del Festival de Cannes, parte de una premisa tan insólita como reveladora: una adolescente, de nombre Martina, es obligada por su padre a ingresar en un centro de rehabilitación alejado de la ciudad para tratar su adicción al móvil. La terapia que allí le ofrecen es, cuanto menos, curiosa: deshacerse del teléfono y dedicarse en exclusiva al cuidado de una vaca para, estableciendo con ella un vínculo profundo, alcanzar la reconexión consigo misma. “La idea me vino a partir de una imagen: una fotografía de Paris Hilton y Nicole Richie con una vaca. Me pareció increíble. La vi y pensé: aquí hay una historia”, cuenta la cineasta, que no tardaría en conectar aquella primera intuición con una experiencia vivida en carne propia: un accidente provocado por el uso del móvil que la llevó a cuestionarse su relación con la tecnología.
“Me interesaba tratar las adicciones no como problema en sí mismo, sino como síntoma; como la manifestación de una herida más profunda”, asegura Callejón. Para el corto, nacido como trabajo de final de máster en la ESCAC, tuvo muy presentes el intimismo excéntrico de Miranda July, el absurdismo existencial de Roy Andersson y el universo nostálgico y lo-fi de Petra Collins. “Todo ello para, partiendo de una realidad muy reconocible, estirarla, tensarla, deformarla”, cuenta la directora, que, observando la cotidianeidad desde un prisma onírico, introduce una dimensión fabulesca que desactiva cualquier lectura literal. La presencia de algunas figuras casi arquetípicas —una cuidadora de estética cowgirl y resonancias lynchianas, o Simona, la vaca, investida de una cualidad casi mística— terminan de redondear una inquietante propuesta que, evitando la tentación de la moraleja, se aproxima sin condescendencia y desde una fina ironía al malestar emocional de una generación hiperconectada, ese que la mirada adulta suele apresurarse a etiquetar antes que a comprender.
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