A medio camino entre el drama psicológico, la comedia y el retrato íntimo, Islas propone un cine pausado que invita a mirar hacia dentro. No es una película fácil ni complaciente, pero sí una experiencia que deja poso y que funciona como una elección acertada para el regreso al cine de Ana Belén.
★★★★
Islas es uno de esos títulos que cuesta encasillar: no es thriller, tampoco comedia, sino un drama introspectivo que se mueve con calma dentro de la mente de sus personajes. Dirigida por Marina Seresesky, la película se instala casi como un poema visual sobre la memoria, la decadencia personal y la dificultad de conectar con los otros en un mundo que paso de largo. Una mirada a la soledad desde el encuentro de dos individuos a la deriva.
El escenario principal, el Hotel Paradise, no es solo un lugar físico, sino un no lugar donde el tiempo parece haberse detenido, un espacio suspendido que funciona como espejo del estado interior de los personajes. Sus pasillos vacíos, su grandeza marchita y su silenciosa nostalgia se convierten en el reflejo de una vida que fue espléndida y ahora solo carga con su sombra. En ese espacio quedan atrapados dos personajes muy distintos, pero igual de rotos: un joven desconcertado que busca sentido en su propia existencia y el personaje interpretado por Ana Belén, una suerte de doppelgänger de la actriz, una presencia con la que en ocasiones comparte trayectoria lo que da lugar a algunos guiños reconocibles para los fans de la artista.
El ritmo es deliberadamente pausado. La película no persigue giros argumentales vertiginosos, sino que prefiere detenerse en silencios prolongados, miradas sostenidas y momentos contemplativos que revelan más de lo que dicen las palabras con un estilo visual que en ocasiones recuerda a la mirada de un fotógrafo al estilo Martin Parr. Esto puede ser un regalo para quien busque cine que invite a la reflexión, pero también puede resultar exigente para quien espera una narrativa más convencional o trepidante.
Ana Belén es quizá uno de los aspectos más celebrados de la película: una vez vista, resulta difícil imaginar que ese personaje pudiera haber sido interpretado por otra actriz. Con una sensibilidad y una honestidad que rozan el desnudo, sostiene gran parte del filme evitando la grandilocuencia de la diva para transformarla en un testimonio íntimo de vulnerabilidad y dignidad. A su lado, Manu Vega se complementa de forma solvente marcando una clara diferencia entre ambos personajes y logrando la difícil tarea de sostener un vínculo intenso sin que el público aspire a un encuentro romántico.
En definitiva, Islas es una película que propone más preguntas que respuestas y que privilegia el clima emocional sobre la progresión de la trama, que no acaba de ofrecer resoluciones claras. Ofrece momentos de belleza discreta y la actuación central del gran regreso de Ana Belén que vale la pena contemplar.
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