Algunos actores pasan años temiendo ser encasillados; otros, los menos, como Julia Martínez (Tenerife, 2000), tienen la gran suerte de construir una carrera diversa desde su primer título y casi sin proponérselo. La joven pertenece a esa generación que cuesta asimilar que ya sean adultos: nació en el año 2000 y, en solo cuatro títulos, le ha dado tiempo a probar cuatro géneros y a hacer un camino de ida y vuelta a su origen. Irrumpió en la serie televisiva La promesa en el capítulo 126; luego vinieron Subsuelo, Apocalipsis Z: Parte II y, por fin, una comedia: A una isla de ti (estreno en cines el 10 de abril), de Alexis Morante, que no solo la ha devuelto a la gran pantalla, sino que también ha supuesto el regreso a su tierra y a su identidad canaria.
En la película interpreta a Yaiza. “Es una chica muy entusiasta, muy motivada con su carrera, muy perfeccionista y muy preocupada por los demás”, nos cuenta. La protagonista se va a Londres a formarse como reportera y, cuando vuelve, se trae a su amigo Harry, que está superando una ruptura y no solo se enamora de la isla, también de su padre. Para la actriz, el personaje ha sido especialmente significativo: “Me aportó cosas muy interesantes. Además, es la primera vez que he trabajado con mi acento, y eso ha sido muy especial”.
Hace mucho tiempo que Julia Martínez no vive rodeada de mar. Aunque su primer contacto con la interpretación llega en el colegio, pasaron años hasta que empezó a pensar en la actuación como su futuro profesional: “De pequeña estuve en clases de teatro, pero me daba mucha vergüenza. En bachillerato me atreví a volver a la escuela de actores de Tenerife como actividad extraescolar. Pensé que quería estudiarlo, aunque no creía realmente que pudiera vivir de ello”. Tras cursar el bachillerato de Artes Escénicas, decidió trasladarse a Madrid para estudiar la carrera. “Pensé que ya haría lo que fuera necesario para vivir, pero quería aprovechar la oportunidad de formarme”, relata.
Luego llegaron los primeros castings, consiguió un representante y, poco a poco, lo que era una vocación improbable empezó a tomar forma. Prácticamente sin experiencia llegó su primer papel en lo que muchos consideran la gran escuela de actores: las series diarias. Julia Martínez fichó por La promesa, una participación breve pero intensa y con peso en la trama. Supo exprimirla al máximo: “El ritmo es muy rápido y te obliga a ser muy responsable con tu trabajo. Tú vienes de una escuela en la que trabajas una escena durante cuatro meses y, de repente, la diaria es muy interesante porque te hace muy resolutiva”.
La segunda temporada de una ficción líder de audiencia en la sobremesa no es poca cosa, pero agradece que no le diera tiempo a sentir el peso de la fama: “Es un público muy concreto, no tan presente en redes sociales. Muy fiel, pero no es el tipo de fandom que puede resultar abrumador”.
Desde entonces, su carrera ha ido ampliando registros con una rapidez poco habitual. Subsuelo, de Fernando Franco (Morir), fue un cambio radical de género y de experiencia. La situó como protagonista de un thriller dramático en el que su personaje se ve envuelto en un accidente con extrañas circunstancias: “La responsabilidad y la carga emocional eran muy grandes. Si no hubiera tenido ese tiempo previo, habría sido muy difícil afrontarlo, pero tuve tiempo para asumirla, seis meses de preparación, algo que se parecía más a los procesos que yo conocía”.
ENAMORADA DEL CINE DE AUTOR

Julia Martínez se reconoce como una actriz, y espectadora, con una energía “intimista y naturalista”. Apasionada del cine de autor, nos recomienda la última película que la ha entusiasmado: “Descubrir voces nuevas me parece muy estimulante y La misteriosa mirada del flamenco, de Diego Céspedes, me ha encantado”.
Además, tiene claro que le gustaría repetir en este registro y no le da miedo verbalizar sus deseos para el futuro. Aspira a proyectos que le permitan profundizar en los personajes y dedicarles tiempo. Habla con indecisión de sus referentes y nos cuenta que le cuesta enumerarlos: “Muchísimos. Últimamente me interesa especialmente trabajar con directoras, porque nunca lo he hecho. Hay muchas cineastas con las que me encantaría coincidir. También me gustaría trabajar con Los Javis”.
A Subsuelo le siguió Apocalipsis Z: Parte II, de Carles Torrens, otro cambio de aires, esta vez hacia el terror, la distopía y la invasión zombie. En verano de 2025 Prime Video anunció la secuela y su nombre estaba entre las nuevas incorporaciones al reparto: “Nuevamente algo que nunca había hecho. Nunca me imaginé en una película de acción”. El rodaje incluyó entrenamiento militar, grandes dispositivos técnicos y una dinámica completamente distinta: “Había tres cámaras, un dron, muchísimos figurantes. Dentro de todo eso, tienes que defender la humanidad de tu personaje en un mundo completamente distópico”.
VUELTA AL ACENTO

Esa versatilidad con la que dio comienzo su carrera como actriz se consolida ahora con A una isla de ti, su primera experiencia en comedia. “Yo suelo moverme de forma natural en registros más oscuros, así que me sorprendió mucho que me llamaran para una comedia”, cuenta. Compartir rodaje con Toni Acosta y Carlos González ha sido clave en su primer trabajo en un género especialmente complicado para los intérpretes: “La comedia es ritmo, tono y precisión. Son magos de esto y me iban apuntando cositas…”.
Con 26 años ya ha tenido oportunidades en casi todos los ámbitos y, aunque tiene clara su debilidad, no tiene ninguna intención de limitarse por el momento: “No quiero cerrarme puertas. Me atrae especialmente el drama intimista, pero ahora mismo los géneros se mezclan y se transforman mucho y eso es muy interesante”.
Con A una isla de ti, la actriz no solo suma un nuevo título a su filmografía; rodar en Canarias fue, en sí mismo, un acontecimiento importante. “Es un privilegio enorme retratar algo que has tenido siempre y que a veces no valoramos”, dice. El regreso le permitió mirar su tierra con otros ojos y reconectar con ella desde la madurez personal y profesional. Además, le ofreció una oportunidad poco habitual en su trayectoria: trabajar con su propio acento. “Durante mucho tiempo sentí que mi acento me restaba credibilidad, o que la gente pensaría que tenía menos verdad. Por eso muchas veces lo neutralizaba en los castings. Poder usarlo en pantalla fue muy liberador”.
Foto: Carlos Villarejo
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