Partiendo del recuerdo familiar, Akinola Davies Jr. relata el pasado de su país en ‘La sombra de mi padre’. Es la primera película nigeriana seleccionada en el festival de cine francés, donde ganó una mención especial, también ganó en los British Independent Film Awards y está nominada a los Bafta.
Akinola Davies Jr. y su hermano Wale no tienen recuerdos de su padre. Murió cuando ellos eran muy pequeños. Sin embargo, la magia del cine les ha permitido contar la historia “real” de todo un día que pasaron con él en Lagos cuando tenían ocho y 11 años. La sombra de mi padre, primer largo del cineasta nigeriano, es “emocionalmente verdadera”. “La ficción solo es el mecanismo… nosotros nunca tuvimos ese día con mi padre”, explica. “Gran parte de la película deriva de un recuerdo, lo que contamos mi hermano y yo quizá es real, quizá es falso. No importa. Nos pertenece y para mí toda la historia es cierta y esa es la sensación que queríamos transmitir”, añade el director, coautor con su hermano del guion de esta película, una producción que ha hecho historia.
FAMILIA Y MASCULINIDAD
Primer filme nigeriano seleccionado en el Festival de Cannes (en la sección Un Certain Regard), donde recibió una Mención Especial de la Cámara de Oro, además, Akinola Davies Jr. ha ganado el premio a la mejor dirección en los British Independent Film Awards y está nominado a los Bafta como director novel. Reconocimientos para una película que habla de la memoria, del duelo, de la familia y de un tipo de masculinidad, la de los padres preocupados por el bienestar económico de los hijos, pero completamente ausentes emocionalmente. Todo ello desde la mirada de los dos hermanos, unos niños que sienten la ausencia de su padre, siempre trabajando en la ciudad. Un día, éste los lleva con él a Lagos y pasan juntos una jornada que fue clave en la historia del país, inmerso en una gran inestabilidad política.

LA HISTORIA RECIENTE
El actor y productor londinense Sope Dirisu, conocido por su participación en series como Gangs of London o Slow Horses, es el padre de esta historia, en la que le acompañan los pequeños Godwin Egbo y Chibuike Marvelous Egbo. Akinola Davies Jr. viajó con él a Lagos antes del rodaje de la película. “Allí la gente siempre nos hablaba de nuestro padre, así que tomamos prestado lo que todos nos contaron sobre él y lo pusimos en este personaje”, recuerda el director, que completa la historia con lo que ocurrió y con sus recuerdos reales de aquella época oscura en su país. La sombra de mi padre se desarrolla el día en que se cerraba el recuento de votos en las elecciones de 1993, cuando tras una guerra civil y varios golpes militares, M. K. O. Abiola ganó los comicios presidenciales. El resultado fue cancelado por el gobierno militar del general Ibrahim Babangida. El peligro y el miedo que se sintió entonces en la calle están en el recuerdo de infancia de los hermanos Davies y también en esta película. “Creo que lo que queríamos mostrar era la relación que Nigeria tiene con la democracia. Debido a que hubo un dictador militar, dejaron de enseñar Historia en la escuela, así que muchos nigerianos ni siquiera conocen su pasado”, explica el cineasta. “Para nosotros es muy importante, como cineastas, mi hermano y yo –añade–, educar primero a nuestra gente y luego al resto del mundo que está interesado en nuestra experiencia”.

MIEDO EN LA CALLE
La película de Akinola Davies Jr. recupera cierta estética de aquellos años 90 para lo que apostó por rodar en 16mm, aunque no fue la única razón. El director también quería compartir el rodaje con el equipo nigeriano de la película, y en digital todo hubiera ido mucho más rápido. Y, sobre todo, lo que buscaba era dejar una imagen hermosa de la ciudad costera de Lagos. “He visto películas europeas, he visto películas americanas, he visto esas ciudades, esas ciudades increíbles de Europa y América en celuloide, en el formato más bello. Yo quería hacer lo mismo por Lagos”, cuenta. El ritmo de las calles, el colorido, la felicidad pura de unos niños en la playa con su padre… sirven en la película para conseguir un equilibrio que el cineasta buscó desde el principio del proyecto. “En la película hay miedo, porque si vives en una dictadura lo vas a experimentar. Hay un elemento de miedo y de peligro, pero nosotros hemos intentado equilibrar eso –dice–. Creo que también hay mucha alegría, muchas risas, mucha belleza, muchos momentos tiernos… que creo que es simplemente lo que significa ser humano”.
Fotos: Getty Images
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