En 2018 la ciudad californiana Paradise se convirtió en un infierno: un incendio devastador se cobró un gran número de víctimas. El fuego, bautizado como Camp Fire 2018, fue el más mortífero del último siglo en un estado tristemente familiarizado con los incendios de sexta generación. El incendio tuvo lugar a principios de noviembre y se atribuyó a una línea eléctrica en mal estado propiedad de la compañía PG&E, que posteriormente fue condenada por homicidio múltiple. Duró dos semanas, se cobró 85 vidas, se evacuó a más de 50.000 personas y la ciudad de Paradise y las comunidades vecinas de Concow, Magalia y Butte Creek Canyon fueron arrasadas en gran parte. La película llega este 3 de octubre a Apple TV +.
Empezamos este artículo a modo de crónica porque eso es precisamente lo que hace el director Paul Greengrass en Laberinto en llamas. La película cuenta la gesta heroica de Kevin McKay, un conductor de autobús de 41 años que, junto con la profesora Mary Ludwig, logró rescatar a 22 estudiantes de primaria de Paradise que habían quedado bloqueados durante la evacuación. Para los papeles principales, Greengrass escogió a Matthew McConaughey y America Ferrera. Este es el único glamour hollywoodiense que veremos, ya que la cinta sigue a pies juntillas el estilo característico del británico Greengrass, que busca un realismo auténtico y espectacular a la vez, perfecto para sumergir al espectador en la reconstrucción de tragedias históricas y colectivas (Bloody Sunday, United 93, Green Zone, Capitán Phillips…).

Laberinto en llamas nos depara hiperrealismo y alta tensión, para cuya realización, como ha declarado el cineasta a Empire, tuvo que “domar cinematográficamente el fuego”. “Quería que Laberinto en llamas fuera la representación más realista de un incendio jamás realizada en una película”, explicó. Para lograrlo, tuvo que renunciar a la pantalla verde o a técnicas de proyección similares, incluso de 360°.
“En este caso, se trata de un autobús que se desplaza por diversos entornos con actores que tienen que interactuar y niños que tienen que actuar. Me dije que, si no recreábamos la experiencia real de moverse en autobús a través del incendio, no podríamos conseguir el realismo que se espera de mis películas”.
Para ello, Greengrass y su equipo levantaron un auténtico circuito de calles atravesadas y rodeadas por líneas de fuego controladas. Además, rodaron siempre al atardecer para que la luz se pareciera lo máximo posible a la de un entorno lleno de llamas y humo. A ello se suma el reto adicional de disponer de muy poco tiempo al día para conseguir las tomas adecuadas. “Básicamente, tuvimos que rodar el equivalente a todo un día de trabajo en una hora”, confirma el director. “Matthew y America confiaron en mí. Les dije que así tendrían acceso a una experiencia lo más veraz posible, y lo dieron todo”.
