David Serrano vuelve al Festival de Málaga con Lapönia, una película que comienza como comedia y termina explorando secretos familiares y dilemas sobre la verdad y la ilusión. Entre reencuentros de reparto y debates navideños, el director reflexiona sobre cómo mantener la magia para los más pequeños.
El director David Serrano ha presentado este lunes Lapönia‘ en la 29 edición del Festival de Málaga, película con la que compite en la sección oficial. El director ya triunfó en el festival con El otro lado de la cama en 2002.
La película que empieza como una comedia, es un debate que escala en tensión en una sola localización y con dos parejas como protagonistas. Después de varios años sin celebrar las fiestas juntas, Nuria (Ángela Cervantes), asentada en Laponia junto a su marido Olavi (Vebjørn Enger) y su hija, decide invitar a su hermana Mónica (Natalia Verbeke), a su marido (Julián López) y al hijo de ambos a celebrar una Navidad de ensueño en su casa de Romanievi. La hija de Nuria le cuenta a su primo pequeño que ese hombre vestido de rojo y con barba blanca que supuestamente deja regalos a los niños que se han portado bien, no existe, y no solo sabe porque lo haya descubierto, es que sus padres nunca han participado de esa mentira. ¿La verdad a costa de todo o la ilusión de los niños?
Hablamos con el director David Serrano sobre los debates que plantea la película, su reencuentro con Natalia Verbeke y por qué la mentira puede ser una buena amiga para los padres.
¿Qué va a encontrar la gente que vea Laponia? Porque podría pensarse que es una peli navideña
Está basada en una obra de teatro muy exitosa de Marc Angelet y Cristina Clemente. Parece una comedia de situación: dos parejas que pasan una noche entera hablando alrededor de una mesa y un sofá. Pero lo que empieza como una comedia se va transformando poco a poco en una película mucho más seria, en la que se empiezan a tratar temas muy interesantes e incluso importantes.
Desde el principio hablamos de poner una advertencia clara. Es una película muy antinavideña.
Los autores de la obra se hacen cargo del guión ¿Tuviste que verla o has tenido libertad creativa a pesar de su participación en el proyecto?
Preferí no verla. Cuando me lo ofrecieron aún estaba en cartel y quise acercarme al material de una manera más pura, sin tener en la cabeza el montaje teatral ni los movimientos de los actores. Quería buscar mi versión de forma más personal. Nosotros, sobre todo en el proceso de ensayos, hicimos la película un poco más nuestra. Nos sentimos libres para proponer ideas nuevas, cambiar algún chiste o introducir temas dentro de las conversaciones, pero siempre con mucho respeto al espíritu de la obra.
En el reparto te reencuentras con Natalia Verbeke después de Días de fútbol y El otro lado de la cama ¿Cómo se forman estas dos parejas tan dispares?
El casting lo hace Luis San Narciso y su equipo. Con Natalia no rodaba desde 2002, aunque habíamos mantenido contacto, me he reencontrado con una actriz todavía mejor, y yo también soy un director mejor que entonces. Ha sido muy especial volver a trabajar juntos. La elección de Julián López…basta con tener un poco de inteligencia para darse cuenta de que engrandece cualquier proyecto.
Por otro lado, cuando me propusieron a Ángela Cervántes para este personaje me quedé en shock por lo que había visto de ella, pero confié, y tenía razón. Es una actriz extraordinaria. Vebjørn Enger es noruego y es su primera película española, Tiene muchísimo mérito lo que hace, porque el castellano no es su primer idioma. Aporta una mirada externa a nuestra idiosincrasia.
Este debate sobre decir o no la verdad a los niños o conservar la ilusión ¿traspasó la ficción y surgió también en el rodaje?
Inevitablemente, yo, por ejemplo, tengo un niño de cuatro años, Nunca pensé que tendría que hablarle del cielo, y lo he hecho a raíz del fallecimiento de un familiar. Eso también aparece en la película. Cuando tienes hijos, ves el mundo de otra manera. Antes yo estaba más cerca del equipo de Ángela, contar la verdad, y ahora me veo más en el de Julián y Natalia, por una cuestión de protección.
Hay un monólogo al final que dice que cuando tienes hijos necesitas que crean que el mundo es maravilloso para que no sufran, y de ahí nacen todas las mentiras.
