Crítica ‘Abuela tremenda’: Humor blanco con un toque punk

Crítica ‘Abuela tremenda’: Humor blanco con un toque punk

Crítica de 'Abuela Tremenda', comedia familiar española entre el sainete y la astracanada, con humor intergeneracional y espíritu gamberro.

Protagonizada por Elena Irureta y Toni Acosta, Abuela tremenda apuesta por la comedia familiar de amplio espectro generacional.

★★

Entroncando temática, formal y tonalmente con el grueso de comedias familiares del cine español reciente, Abuela tremenda aspira a congregar frente a la pantalla a niños, adolescentes, padres y abuelos. Difícil reto, por mucho que tantas veces se quiera restar mérito a estas producciones populares de gran éxito en taquilla: apuntar con acierto a un público intergeneracional rehuyendo el caos tonal y narrativo exige sería injusto negarlo no pocas habilidades de guion y dirección. Abuela tremenda, tras cuya cámara y libreto se encuentran, respectivamente, Ana Vázquez y Roberto Jiménez, no termina de salir del todo airosa de esta complicada tarea. Y es que la nueva producción de Atresmedia, heredera del sainete y la astracanada, se percibe, ya desde sus primeros compases, ciertamente encorsetada en su aspiracional diversidad, de manera que su baile de registros y recursos acaba por traducirse en una sucesión de sketches algo deshilvanados. Hay en ella slapstick, guiños culturales, un poquito de misterio aventurero, cierto gusto por la escatología —caca, culo, pedo, pis—, algún que otro chiste picantón, un par de concesiones al product placement y, de fondo, una mirada crítica —siempre amable, nunca incisiva— sobre cuestiones que, en mayor o menor medida, nos atañen a todos: el sobreproteccionismo infantil, la conciliación familiar, la cultura corporativa o el edadismo. Desde el humor blanco y la ironía ligera, la película trata de dar la vuelta a ciertos tópicos —en su centro, el conflicto, tan presente en nuestro cine, entre tradición y modernidad, pueblo y ciudad, autoridad y libertad— para recordarnos la importancia de dejar de preocuparnos tanto y ser un poquito más punkis. El problema es que el espíritu gamberro y transgresor rara vez ha maridado bien con fórmulas y esquematismos.

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