Crítica ‘Anaconda’: Una comedia sin mordiente

Crítica ‘Anaconda’: Una comedia sin mordiente

'Anaconda' parte de una premisa cinéfila prometedora pero naufraga entre problemas de tono, falta de química actoral y un humor que no cuaja.

 

Doug y Griff (Jack Black y Paul Rudd), amigos inseparables de toda la vida, comparten un sueño desde siempre: realizar una nueva versión de su película preferida, la desastrosa producción de culto Anaconda, clásico moderno de la comedia involuntaria que protagonizaron Jennifer López y Ice Cube en 1997. Ahogados por una existencia gris (uno aspiraba a ser cineasta y hoy por hoy ejerce editando vídeos de bodas; el otro, que quiso ser actor, trabaja fugazmente como intérprete episódico en series de segunda), un buen día deciden por fin dar el salto y se internan, junto a otros dos amigos de la infancia, en la selva amazónica para comenzar el rodaje. A la nueva comedia meta de Tom Gormican, director de la disparatada El insoportable peso de un talento descomunal (2022), le falta un buen trecho para rozar siquiera el aprobado. Aunque su punto de partida apunte maneras (sobre todo para esos frikis cinéfagos entre los que se cuenta un servidor), su pretendida ironía y su aspiracional absurdismo nunca llegan a cuajar. Entre los culpables del descarrilamiento se encuentran la pobreza estética y formal de la propuesta, el escaso desarrollo de sus personajes, sus múltiples problemas de tono y el pobre manejo del tempo cómico que demuestra su realizador. El tufo a ejercicio mercadotécnico no ayuda a que la película (que, de haber abrazado el slapstick y haberse atrevido a desbarrar, bien podría haber sido un descacharre) remonte el vuelo y logre robarnos más de dos sonrisas contadas.

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