Crítica ‘Aro Berria’: Trance y utopía

Crítica ‘Aro Berria’: Trance y utopía

Crítica de 'Aro Berria, ópera prima en el largometraje de la cineasta vasca Irati Gorostidi, acerca de una comuna en el País Vasco de los 70.

Irati Gorostidi fusiona historia, memoria y cuerpo en su primera película, una mirada mística y militante sobre la comuna vasca «Arco Iris» y los sueños de transformación social de los años 70.

★★½

En Aro berria (“nueva era” en español), su salto al largometraje, la cineasta vasca Irati Gorostidi continúa explorando los entresijos del movimiento obrero y las luchas sociales surgidas en el País Vasco en la década de los 70. La directora de los cortometrajes San Simón 62 (2022) y Contadores (2023) traslada a la ficción, partiendo de testimonios reales y archivo documental, un acontecimiento histórico que sus padres vivieron en carne propia: en el año 1978, en la ciudad de Donosti, un grupo de obreros inconformistas decidieron, tras asistir al fracaso de una convocatoria de huelga en su lugar de trabajo, unirse a una pequeña comunidad aislada en la montaña. Bajo el nombre de “Arco Iris”, este proyecto autogestionado estaba compuesto por jóvenes de muy distinto origen que, renunciando al individualismo y la mundanidad, aspiraban a fusionarse con lo observado a través de intensas experiencias comunitarias de orden místico. De la mano del director de fotografía Ion de Sosa, Gorostidi filma con contundente determinación las carnes entrelazadas de los comuneros durante las ceremonias de trance; cuerpos seccionados por el uso del plano corto que, en su fusión, conforman un electrizante, vigoroso organismo colectivo. Con todo, y pese al indudable magnetismo de su propuesta estética, la primera película de Gorostidi –en la que resuenan los ecos de la seminal Numax presenta… (1979) de Joaquim Jordá– se ve debilitada por la ausencia de una mirada dialéctica: asistimos, como espectadores, a la forma en que los personajes dialogan en aras de abolir la propiedad privada, buscando deconstruir los estándares de las relaciones de pareja o apostando por la crianza colectiva, pero, aunque aparece algún que otro atisbo de fisura y contradicción en las dinámicas de la comuna, la cineasta parece estar decidida a no tomar una posición sobre lo narrado. El resultado final, en este sentido, termina destilando una cierta frialdad.

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