Veintidós años después de su estreno mundial, Crimson Gold, cuarto largo de Jafar Panahi, llega hoy a los cines españoles de la mano de Surtsey Films.
★★★½
En el año 2003, Jafar Panahi ganó el Premio del Jurado de Un Certain Regard en Cannes y la Espiga de Oro en SEMINCI, la semana internacional de cine de Valladolid. Pese a los reconocimientos obtenidos entonces, aquella película, de título Crimson Gold, terminó por quedarse sin distribución en nuestro país. Veintidós años después, y a raíz de la reciente Palma de Oro que el iraní ha recibido por Un simple accidente, su último trabajo, la distribuidora Surtsey Film recupera para las salas —¡gracias por esto!— aquel film con guion de Abbas Kiarostami. Con la aparente simplicidad que caracteriza todo su cine —directo, terrenal, despojado de todo aspaviento estético—, Panahi entreteje aquí una poética fábula profundamente moral que sigue los pasos de un hombre, humilde repartidor de comida a domicilio, cuya autoestima se desmorona en el marco de una sociedad ferozmente desigual y clasista que lo reduce una y otra vez a un escalón inferior. Con su habitual recurrencia a la estructura circular —en esta ocasión, el film empieza por el final para, tras desandar lo andado, regresar al mismo punto en su clausura—, símbolo de la imposibilidad para escapar de un sistema que no admite disidencia alguna, Panahi construye un trágico relato de inexorable fatalidad que deja, una vez más, al descubierto el control institucional y las restricciones legales y morales de su país. El de Panahi —perseguido y encarcelado por el régimen en varias ocasiones: su gobierno llegó, incluso, a prohibirle filmar, viajar o comunicarse mediáticamente— es un cine auténticamente contestatario, vaciado de exhibicionismos, trucos de lucimiento y moralinas fáciles, demostración de que las películas pueden ser —y, en efecto, son— poderosas herramientas de denuncia y resistencia.
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