Bryan Fuller convierte un cuento de moldes infantiles en un artefacto posmoderno de gran exuberancia formal.
★★★½
Bryan Fuller, co-creador de exitosas ficciones televisivas como Hannibal, American Gods o Criando malvas, da el salto al largometraje con este fascinante –por abigarrado, por expresionista, por cartoonesco– “cuento infantil” puramente posmoderno, donde el universo surrealista y onírico de Lewis Carroll se da cita con la acción hiperviolenta y coreografiada de las Wachowski. La protagonista de Atrapando a un monstruo es una niña de ocho años que, aterrada por el abominable ser que habita bajo su cama (y que acaba de devorar a sus enésimos padres de acogida), reclama la ayuda de su vecino, un solitario asesino en serie que vive al final del pasillo y cuya misteriosa figura la tiene fascinada. Con un planteamiento narrativo en el que resuena León, el profesional (1994), Fuller hace de la orfandad y la infancia rota el eje temático de una película que, a medio camino entre Tideland (2005) y John Wick (2014), abraza sin miedo el barroquismo formal y la hiperestilización. El resultado es un film transgénero tan atractivo como –y he aquí la única pega– marcadamente frío: su apuesta extrema por el artificio, con una elegantísima y siempre simétrica puesta en escena y un muy ornamentado diseño de producción, acaba por dificultar que la emoción atraviese el armazón formal del relato y llegue hasta los espectadores. Por lo demás: Chapó.
© REPRODUCCIÓN RESERVADA
