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En el contexto de una España distópica, el Estado ya no puede hacerse cargo de la educación pública. En ese vacío surge una asociación, de nombre IDILIA, que recluta a niños superdotados con la supuesta misión de construir, con ayuda de estos, un porvenir más alentador. Tres décadas después de la llegada de la empresa al país, Diana Leiva, una joven que entró a formar parte de IDILIA siendo niña, se convierte en su mayor referente tras impulsar un manifiesto clave para legislar contra el mal uso de la Inteligencia Artificial. Sin embargo, en los últimos años, por alguna extraña razón, la joven ha decidido aislarse voluntariamente en una habitación de la propia institución. Los hermanos Sepúlveda, publicistas de profesión, debutan en la dirección de cine con un film de ciencia ficción de notable factura técnica y sólidas interpretaciones que, sin embargo, termina resintiéndose por lo verborreico de su guion. Así, pese al sobrio y puntilloso trabajo con los encuadres, la iluminación y el uso del espacio fílmico (el grueso del relato acontece en un único escenario: la habitación de Diana en IDILIA), la presencia de una cierta sobreescritura en los diálogos acaba por dejar poco espacio al subtexto y, con ello, debilitando la capacidad de la película para invocar el misterio. La extensa secuencia de créditos iniciales, íntegramente compuesta por imágenes desarrolladas con IA, es quizá lo más interesante (por su dimensión metadiscursiva y por incorporar formalmente la misma tecnología que el relato problematiza) de una película que, aun imaginando un futuro nada halagüeño invadido por la IA, proyecta, en su último tramo, un tenue halo de esperanza para la humanidad.
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