Crítica de ‘Manas’: Filmar el horror desde una distancia justa

Crítica de ‘Manas’: Filmar el horror desde una distancia justa

Crítica de la coproducción brasileño-portuguesa 'Manas', debut de la cineasta Marianna Brennand Fortes que llega hoy a los cines.

★★★½

Isla de Marajó, selva amazónica. Tielle, una adolescente de 13 años, vive con su familia junto al río, idolatrando a su hermana mayor, quien logró “escapar” de su triste realidad. Con el tiempo, sus ilusiones comienzan a desmoronarse, una vez se ve atrapada en un ambiente de constantes abusos. Ante el horizonte de un porvenir nada halagüeño, la joven decidirá enfrentarse al sistema opresivo que domina a su familia y a las mujeres de su comunidad. A través de una sobriedad tan lírica como despojada, vaciada de toda pomposidad, la cineasta brasileña Marianna Brennand Fortes debuta en el largo con un opresivo y desgarrador relato sobre la sistematización y el silenciamiento de la explotación sexual infantil en el marco de una pequeña comunidad aislada. Con admirable pudor, la directora –quien, antes de dar el salto a la ficción, pasó más de una década documentándose acerca de la problemática aquí abordada– se aproxima al peor de los horrores imaginables sorteando en todo momento la explicitud y la mirada voyeurista: en Manas, nominada al Goya a Mejor Película Iberoamericana, la violencia, sin duda gran protagonista del relato, es desterrada siempre al fuera de campo. Porque, ¿qué mejor manera de problematizar la crueldad y el maltrato que señalándolos sin darles un espacio en la pantalla?

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