Crítica de ‘Maspalomas’: Sensibilidad, riesgo y honestidad para hablar de la homosexualidad en la tercera edad

Crítica de ‘Maspalomas’: Sensibilidad, riesgo y honestidad para hablar de la homosexualidad en la tercera edad

Maspalomas

Estrenada en el Festival de San Sebastián, Maspalomas, de Los Moriarti, tiene, probablemente, la que es ya la mejor interpretación del año: Jose Ramon Soroiz.

★★★★

En las secuencias iniciales de Maspalomas, la cámara sigue muy de cerca a Vicente (impresionante Jose Ramon Soroiz) en la playa a la que da título, en esas dunas de Gran Canaria donde la ropa es opcional y la diversión es obligada, entre momentos de cruising y brindis, entre desfiles del Orgullo Gay y fiestas en cuartos oscuros, el protagonista está viviendo una nueva juventud porque, como nos enteramos, acaba de dejar a su pareja de muchos años y se está divirtiendo. Son unas escenas de alta carga erótica en las que, afortunadamente, los Moriarti (aquí dirigen Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, según un guion del primero) no se esconden, se arriesgan y se lanzan a mostrar todo lo bonito y salvaje en la vida de este hombre en sus 70 largos.

Y, sin embargo, los colores cálidos y neones de pronto cambian, Vicente sufre un infarto cerebral y su hija (estupenda Nagore Aranburu, como siempre), con la que llevaba años sin hablarse ni verse, se lo trae de vuelta a una residencia en San Sebastián.

La primera barrera emocional es ese reencuentro entre padre e hija, hace tanto que no se veían, que no saben ni de qué hablar, ella claramente siente aún rencor porque su padre salió del armario y se marchó. Él entiende el dolor que causó, pero tampoco comprendió nunca ese rechazo. La segunda llega en la propia residencia, su compañero de habitación (un fantástico Kandido Uranga) es un hombre vasco muy tradicional, con muchos comentarios homófobos, aunque lleno de candidez va acogiendo a Vicente, quien se siente obligado a volver al armario, a rechazar su identidad, ocultarla… Toda su vida, de pronto, se vuelve gris.

Maspalomas es un drama duro y conmovedor, un retrato de la homosexualidad en la tercera edad, del tabú que sigue siendo en residencias, entre personas mayores, de cómo se ven obligados de nuevo a esconderse. Se atreven, además, a hablar, más en general del abandono de los mayores en las residencias, lo sitúan en plena pandemia, incluso introduciendo todo el problema que hubo en los meses duros del covid, pero los Moriarti apoyados en un reparto en absoluto estado de gracia salen airosos sin recrearse en el melodrama y, sobre todo, reivindicando la ternura en absolutamente todos sus personajes.

Jose Ramon Soroiz, una estrella en la televisión vasca, pero casi un desconocido para el resto, le habíamos visto en Patria, firma una actuación que debería tener ya todos los premios de la temporada. Y su compañero, Kandido Uranga, con un personaje precioso, también.

Es, sin duda, una de las películas españolas del año. Una de las películas del año.

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