Crítica de ‘Scream 7’: A cuchilladas con el deep fake y la cultura del true crime

Crítica de ‘Scream 7’: A cuchilladas con el deep fake y la cultura del true crime

Crítica de 'Scream 7', la nueva entrega de la emblemática saga de terror que cumple 30 años este 2026. Llega hoy a los cines.

★★★

Tan prescindible como –reconozcámoslo– juguetona y disfrutable es esta séptima entrega de una franquicia que en 2026 celebra ya su treinta cumpleaños. Con la emblemática Sidney Prescott (Neve Campbell) de nuevo al frente –en la sexta película, por motivos salariales, la actriz optó por permanecer al margen–, Scream 7 acumula los suficientes golpes de humor macabro y tontorrón como para mantener el listón bien alto durante sus casi dos horas de metraje, situándose, en opinión del que escribe, por encima de los volúmenes 5 y 6 de la saga. Kevin Williamson, creador de este mito del cine slasher junto al ya fallecido Wes Craven —para quien escribió los capítulos 1, 2 y 4—, se coloca esta vez detrás de la cámara y, sorprendentemente, filma este nuevo capítulo con mucho más oficio del esperado –como director únicamente había rodado, allá por 1999, la infravalorada Secuestrando a la Srta. Tingle–. Con inteligencia y sorna, su guion –que, aun sin alejarse un ápice de los ya muy manidos tropos de la saga, concentra su acción en un menor número de personajes, resultando menos aturullado que en las últimas entregas– aprovecha la coyuntura para lanzar un puñado de punzantes observaciones sobre temas tan contemporáneos como la alarmante problemática de los deep fakes, la cada vez más desaforada fascinación del público por los true crimes o las lógicas perversas del turismo instantáneo propias de la cultura Airbnb. El sólido manejo del suspense del que hace gala su director y la banda sonora orquestal de Marco Beltrami, quien regresa para la ocasión tras no participar en las dos anteriores películas, terminan de redondear una de las secuelas más consistentes de la saga.

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