★★★★½
En su segundo largometraje (el primero, de título Amparo, no llegó a estrenarse comercialmente en España), el cineasta colombiano Simón Mesa Soto narra la triste vida de Óscar Restrepo, una antigua promesa de la poesía en lengua hispana que jamás consiguió triunfar. Deprimido y atrapado en el alcohol, el poeta –mal hijo, mal hermano, mal padre, mal exmarido– convive en su día a día con la frustración de no haber llegado a ser nadie. Empujado por su madre y su hermana, terminará aceptando, de mala gana y por pura necesidad, un trabajo como profesor de Filosofía en un instituto. Allí conocerá a Yurlady, una estudiante de familia muy humilde que, sin más aspiración que la de poner en palabras su mundo interior, escribe bellos textos en un cuaderno. Restrepo (excelentemente interpretado por el debutante Ubeimar Ríos, que permanece atrapado en un rictus de desconcierto todo el metraje) no tarda en ver en ella un talento poético en ciernes y, en un intento de encontrar la redención, procurará ayudarla a integrarse en el sector y alcanzar la supuesta gloria que a él se le escapó. Tan trágica y melancólica como caricaturesca y corrosiva, Un poeta, rodada en un crudo y rugoso soporte analógico, se erige como una punzante sátira del mundo cultural y sus máscaras morales, dejando en evidencia (desde un muy inteligente y afinado juego con la hipérbole esperpéntica, la ironía situacional y el humor incómodo) la sensibilidad impostada y la conversión del arte en capital simbólico tan propias de quienes, tantas veces, se las dan de artistas comprometidos. Una joya.
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