Crítica de ‘Zona 3’: Ruido y caos en un futuro autoritario

Crítica de ‘Zona 3’: Ruido y caos en un futuro autoritario

Zona 3

Una hipertrofiada distopía de acción ambientada en un París subyugado por el algoritmo.

★★

En el año 2045, la ciudad de París vive bajo la supervisión de Alma, una inteligencia artificial que organiza a los habitantes en tres zonas según su clase social. Cuando el creador del sistema aparece asesinado, la investigación queda en manos de Salia (Adèle Exarchopoulos), agente de la zona 2, y Zem (Gilles Lellouche), policía procedente de la zona 3. El cineasta Cédric Jimenez (que, desde su debut en 2012, ha venido demostrando un encomiable oficio en sus aproximaciones contemporáneas al thriller y al noir) firma en esta Zona 3 un hipervitaminado film de acción sobre las potenciales derivas autoritarias de la IA en el marco de una sociedad futura militarizada e hipervigilada. De un didactismo reduccionista y más bien infantilón, la película, adaptación del bestseller francés (inédito en España) Chien 51, del escritor Laurent Gaudé, se muestra, ya desde sus primeros compases, como un aturullado batiburrillo digital de todos los lugares comunes de la ciencia ficción distópica. De ritmo agotador en su entrega al vértigo desmedido, la película, que acaba forzando una poco creíble relación sentimental entre sus dos protagonistas, transita de un cliché a otro entre diálogos expositivos, montaje caótico, música atronadora y un puñado de secuencias de acción resueltas con un tosco acabado formal. Mejor a otra cosa.

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