Crítica ‘El canto de las manos’: Fidelio reinventado

Crítica ‘El canto de las manos’: Fidelio reinventado

Crítica del documental 'El canto de las manos', ópera prima como directora de la intérprete María Valverde.

★★★

En el año 2020, con motivo del 250 aniversario del nacimiento de Beethoven, el director de orquesta y compositor venezolano Gustavo Dudamel comenzó a diseñar un proyecto especial: una versión de Fidelio que no solo se escuchara, sino que pudiera ser “experimentada” también por personas sordas. Para llevar a cabo la producción de la pieza, única ópera escrita por Beethoven (quien trabajó en ella mientras perdía su audición), Dudamel se unió al Coro de Manos Blancas, ensamble artístico de Venezuela compuesto por personas con discapacidad auditiva que usan lengua de señas como herramienta de expresión artística. La cineasta María Valverde, que debuta aquí como directora tras una extensa carrera delante de la cámara, recoge en su documental El canto de las manos la fase de creación artística y el minucioso trabajo de producción que el equipo desarrolló durante largos meses. Tomando como núcleo los ensayos y el proceso de trabajo colectivo, el documental se va ramificando para adentrarse en las vivencias particulares de cada integrante del coro, un espacio que, para muchos, ha funcionado como refugio en el que, mediante el arte, sublimar la exclusión y los silencios impuestos por la sociedad. Alejándose de toda la parafernalia superficial propia del audiovisual televisivo de fácil digestión, Valverde se aproxima con plausible empatía y sin un ápice de condescendencia a la complicada realidad de quienes el mundo ha relegado con demasiada frecuencia por su condición auditiva. El resultado es un hermoso canto a la colectividad que, en tiempos que ensalzan la rivalidad destructiva de triunfitos y masterchefs, funciona como un refrescante recordatorio del poder del arte para unir y sanar.

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