★★★½
Me da igual. No lo sé. No significa nada. En la novela corta El extranjero (1942), una de las piezas literarias seminales de la corriente existencialista, el escritor Albert Camus sigue los pasos de Meursault, un joven francés ciudadano de la Argelia colonial de los años 30 que, desapasionado y despojado de toda ambición, habita el mundo desde la postura de un apático observador decidido a no tomar decisión alguna, limitándose a experimentar las fenómenos tal como se presentan ante sus ojos. Cuando comete un crimen sin un aparente motor detrás, la sociedad, necesitada de una narrativa moral sólida, terminará por condenarle a muerte no tanto por el asesinato en sí mismo, sino por su inexplicable indiferencia y su negativa a fingir los sentimientos socialmente esperables. El polifacético cineasta François Ozon se aproxima con notable éxito, en su vigésimo cuarto largometraje, a la novela existencial de Camus al abrazar la sobriedad y la distancia requeridas por la pieza. El director de En la casa (2013) y Joven y bonita (2012) pone en pantalla la indiferencia del personaje principal despojando las imágenes de color y de cualquier ornamento emocional, buscando reducir la realidad a la más fría de las esencias. El resultado, de un realismo crudo salpicado por destellos de onirismo en su parte final, es un film elegante y poderosamente envolvente que logra capturar la esencia enigmática del material genuino, exploración narrativa de las consecuencias del nihilismo pasivo y, con ello, de la libertad mal entendida.
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