Un drama familiar con ambición distópica que nunca termina de despegar, pese a las buenas actuaciones y su atmósfera sugerente.
★★
Tras la muerte de su hermano, Sofía (Elisabet Casanovas) regresa a su hogar diez años después: la única casa del pueblo con agua suficiente para huerto y ganado. Allí se reencuentra con su padre, Gabriel (Andrés Herrera), enfermo por la vacuna “Saturn25”, aplicada 25 años atrás como parte de la política del hijo único de un gobierno fascista. Gabriel no tuvo elección: su esposa murió al dar a luz a Sofía, concebida para salvar la vida de su hermano mayor, Xavier. Ahora, los vacunados comienzan a sufrir dolorosos efectos secundarios, y Sofía lucha por conseguir uno de los antídotos del gobierno mientras su padre se deteriora y la población se rebela por la falta de agua. Tomando este escenario distópico como punto de partida, la productora y directora Ángeles Hernandez (Isaac, 2020; El faro, 2024) firma un irregular drama familiar en clave de género que, pese a sus aciertos, nunca termina de funcionar en ninguno de sus frentes. Destacan, por el lado bueno, el sólido trabajo de sus intérpretes principales, la correcta ejecución de una puesta en escena sobria diseñada con oficio y su sugestiva atmósfera, capaz de alcanzar momentos de inquietante misterio. En el lado menos bueno, y además de los problemas de tono, se encuentran su tendencia a una narrativa seriada –al acoger múltiples puntos de vista que acaban por embrollar el relato–; su excesiva apuesta por el diálogo –se echan en falta silencios, miradas, gestos–; y la excesiva recurrencia de la película a ciertos tropos visuales algo gastados del cine de ciencia ficción apocalíptico.
© REPRODUCCIÓN RESERVADA
