Radu Jude pone una vez más su cámara al servicio de la ironía y la denuncia social, siguiendo los pasos de una mujer enfrentada a su propia conciencia.
★★★★
Fiel a la estética precaria que viene caracterizando sus últimos trabajos –véanse Un polvo desafortunado o porno loco, de 2021, o la más reciente No esperes demasiado del fin del mundo, de 2023–, el cineasta rumano Radu Jude continúa dejando en evidencia la miseria moral de nuestro tiempo en Kontinental ‘25, Oso de Plata al Mejor Guion en el último Festival de Berlín. Aquí, el director aproxima una vez más su lupa, con la sorna y el humor macabro que le son característicos, a las contradicciones, injusticias y prejuicios de la Rumanía contemporánea, país marcado por las huellas del comunismo, las tensiones étnicas y los conflictos entre tradición y modernidad. En esta ocasión, la protagonista del relato es Orsolya, una alguacil de Cluj, la principal ciudad de Transilvania, que un día se ve obligada a desahuciar a un sintecho que vive en el cuarto de calderas de un edificio. El hombre, desesperado ante la situación, acaba por suicidarse, lo que sumirá a la funcionaria pública en una profunda crisis moral. Armado con un iPhone 16, Jude utiliza planos mayoritariamente estáticos, composiciones que rehúyen la armonía visual y balances de blancos deliberadamente imprecisos, para seguir los pasos de una mujer que intenta lavar su culpa en una sociedad hostil y anestesiada, desprovista de toda empatía, que, creyendo haber superado un pasado cruento, barre sus «vergüenzas» bajo la alfombra para evitar que acaben por convertirse en espejo. Durante el periplo de Orsolya en busca de la absolución moral, Jude no deja títere con cabeza: en el centro de su diana están, además de la universal problemática de la vivienda, cuestiones tan candentes como el racismo estructural, la inhumanidad burocrática, el paternalismo del clero, la polarización y el odio tan presentes en las redes sociales o la perversa utilización de la ayuda humanitaria como alivio de la propia conciencia. Imposible no terminar noqueado.
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