Crítica ‘La isla de la Belladona’: Aprender a morir para aprender a vivir

Crítica ‘La isla de la Belladona’: Aprender a morir para aprender a vivir

'La isla de la Belladona', un thriller que, desde la distopía, explora la vejez, el miedo a la muerte y el derecho a vivir con plenitud.

Entre misterio y reflexión, la película sigue a Gaëlle en una isla aislada donde la vida, la muerte y los placeres vitales se entrelazan en un relato delicado y sugestivo sobre la plenitud y el miedo.

★★★

En una isla remota y apartada del mundo, Gaëlle (Nadia Tereszkiewicz), una joven de 30 años, se encarga del cuidado de un reducido grupo de ancianos. Una mañana, la aparición inesperada de un velero parece traer consigo un soplo de vida y esperanza a la isla. No obstante, cuando los mayores comienzan a fallecer uno tras otro, Gaëlle empieza a sospechar de las dudosas intenciones de los recién llegados. Tomando como punto de partida este contexto distópico —el relato está ambientado en un futuro próximo en el que los ancianos, tras jubilarse a los 80 años, están obligados a vivir en residencias—, la cineasta lituana Alanté Kavaïté trenza un alegórico relato de sensibilidad impresionista sobre la importancia de liberarse del miedo a la muerte para abrazar la auténtica plenitud vital. Y es que la película, que arranca como un sutil thriller atmosférico con una marcada dimensión psicológica, pronto deriva hacia un —primero melancólico, después vitalista— alegato de los placeres espirituales y carnales, auténticos detonantes —pese a los peligros que traen consigo— de la alegría de vivir. Cuestiones como el derecho a una muerte digna o la fina línea que separa la protección de la privación de libertad atraviesan también el corazón de un relato cuyo interesante libreto se ve debilitado por una puesta en escena que, construida a partir de planos breves, cámara en mano y flares que ensucian deliberadamente la imagen, termina resultando ciertamente monocorde e insustancial.

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