La odisea de una niña preparando la tarta de cumpleaños de Sadam Hussein se convierte en un retrato conmovedor y simbólico de la vida bajo la opresión.
★★★½
26 de abril de 1990. Tan solo faltan dos días para que Sadam Husein, por entonces presidente de Irak, cumpla 53 años. Lamia, una niña de tan solo 9, resulta ser la elegida, en un sorteo efectuado en su escuela, para preparar la tarta con la que se celebrará el día especial del dictador. El cineasta Hasan Hadi, primer director iraquí en recibir un premio en el Festival de Cannes –la Cámara de Oro, galardón otorgado a la mejor ópera prima–, da forma en este, su primer largometraje, a un drama neorrealista de aroma fabulesco –tan concreto y contundente como poético y simbólico– que recoge el arduo viaje de la joven protagonista a lo largo y ancho de la ciudad de Bagdad mientras trata de reunir los ingredientes con los que elaborar el pastel. Mediante el periplo de Lamia, durante el que se cruza con numerosos y muy diversos personajes, el cineasta pone en imágenes –desde un prisma siempre cristalino y ligero que sortea tanto la pretenciosidad como el exceso melodramático– las injusticias y absurdos del régimen, condensando lo vasto y sistémico en los pequeños gestos y desafíos cotidianos de sus protagonistas, habitantes de un contexto marcado por la opresión y la escasez.
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