Tras su paso por los festivales de Sevilla, Almería y Ópera Prima (Tudela), hoy se estrena en salas comerciales el debut como director de Roberto Jiménez, una defensa de la empatía y el hermanamiento frente a la miseria moral.
★★★
Justino, viudo y aislado en su finca, vive de sus cultivos en un pequeño huerto. Amira, una joven inmigrante marroquí sin papeles, busca trabajo en España. Una noche, al bajar al pueblo a vender tomates, Justino la atropella por accidente; aunque las heridas son leves, la joven no podrá trabajar por un tiempo. Presionado por su hermana Araceli, él la acoge en su casa hasta que se recupere. El encantador debut como director del guionista Roberto Jiménez es un relato de moldes clásicos que, aunque anclado en una realidad miserable –la de los marroquíes que llegan a España para ganarse la vida como temporeros y sostener a sus familias desde la distancia–, funciona como un bello cuento con moraleja: el auténtico respeto a la tierra, la tradición y la familia no pasa, como algunos quieren hacernos creer, por el rechazo al extranjero, sino por, reconociendo en él nuestras mismas aspiraciones, elegir el camino del hermanamiento. Es cierto: la película peca, en ocasiones, de un cierto simplismo y adolece de algún que otro exceso dramático. ¿Y qué? Cristalina y comprometida, excelentemente interpretada por Manuel Morón y Mina El Hammani, esta sencilla fábula moral sobre las gentes de buen corazón derrocha honestidad y genuina ternura. Ya quisieran esto para sí muchas reivindicativas –y autocomplacientes– películas de auteur.
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