Crítica ‘Modigliani, tres días en Montparnasse’, Depp y los infiernos del artista

Modigliani tres días en Montparnasse

★★½

Es fácil ver que Johnny Depp se ve reflejado en el espíritu e historia del alma atormentada del artista italiano en Modigliani, tres días en Montparnasse, su segunda vez tras la cámara.

Después del golpe que se dio con The Brave (1997), Johnny Depp decidió que no quería volver a dirigir, pero entonces era un actor en pleno auge, respetado en títulos de culto (Miedo y asco en Las Vegas, Sleepy Hollow, Antes que anochezca) y de público (Chocolat) y a punto de convertirse en una estrella estratosférica con la saga Piratas del Caribe, que arrancó en 2003. En los siguientes años estuvo tan ocupado con esa fama y éxito que no le hacía falta meterse a dirigir y levantar sus propios proyectos, pero ahora, después de las acusaciones de su expareja, Amber Heard, y de la batalla judicial que emprendió con ella y que conllevó la caída absoluta de su reputación en Hollywood, no parecen quedarle muchas opciones en la industria, ni tampoco amigos, por lo que su regreso a la dirección en Modigliani, tres días en Montparnasse, para empezar, habría que tomarlo como un acto de necesidad para seguir presente y en activo.

Según cuenta el propio Depp, ha sido uno de esos amigos que le quedan, Al Pacino, quien le pasó este proyecto como director. Y sobre el papel se entiende que quisiera lanzarse a pesar de sus antecedentes de la dirección, además de por intentar ocultarse un poco detrás de la cámara, porque cuenta la historia del famoso pintor y escultor italiano Amedeo Modigliani, condensada en 72 horas, arrastrando su obra, su enfermedad y su dignidad por las calles de un París en guerra, en 1916. A pesar de todo lo que sufrió el artista en vida, Modigliani no sucumbió al dinero y mantuvo hasta el final su convicción artística y está claro que Depp quiere que le veamos reflejado en esa idea de fidelidad y coherencia personal. En ese viaje en solitario frente a los demás.

La película parte de la anécdota de un busto que se encontró y atribuyó a Modigliani en el fondo de un río y puede tener reflexiones interesantes sobre el conflicto arte/negocio, pero es tan caótica como su protagonista y como su director. Incapaz de encontrar el tono, excesivo para los dos extremos, demasiado caricaturesco a veces, y con intentos fallidos de romper la estructura habitual de un biopic.

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