★★★★
A medio camino entre E.T., Náufrago y Enemigo mío se sitúa la excelente nueva película de Phil Lord y Christopher Miller (La Lego Película, Lluvia de albóndigas), un agridulce y muy entretenido tratado sobre la amistad en clave sci-fi y de maneras puramente analógicas. Adaptación al cine del best-seller de Andy Weir –también autor de The Martian, novela que llevó a la pantalla Ridley Scott en el año 2015 y con la que Proyecto Salvación posee claras similitudes–, la película sigue los pasos de Ryland Grace (estupendo Ryan Gosling), un exbiólogo y profesor de ciencias (un delicioso “héroe cobarde”) que despierta a bordo de una nave espacial a años luz de la Tierra, sin memoria y sin respuestas. Solo hay dos certezas: está solo —o eso cree— y algo, ahí fuera, está matando el Sol. Poco a poco, comprenderá la magnitud de su misión: encontrar la solución a la enigmática sustancia que amenaza con extinguir la raza humana. La inicialmente amenazante aparición de una presencia extraterrestre podría, contra todo pronóstico, terminar por convertirse en su principal esperanza. Escrita por Drew Goddard, quien ya demostró con The Cabin in the Woods y Malos tiempos en El Royale su buena mano con la ironía y la hibridación posmoderna de géneros, la película funciona como la seda tanto en su vena cómica –excelente montaje, con un brillante manejo del tempo cómico y, en especial, del gag visual– como en su vertiente más humana, erigiéndose como una inteligente y emotiva alegoría sobre la comunicación, la cooperación y la inesperada riqueza que surge al abrirse a lo distinto. Un relato que convierte la ‘otredad’ en un espacio de encuentro en lugar de conflicto y celebra la solidaridad más allá de cualquier frontera.
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