Crítica ‘Queer Me’: Del autodesprecio al orgullo

Crítica ‘Queer Me’: Del autodesprecio al orgullo

Queer Me

Irene Bailo Carramiñana firma una obra documental en la que el desprecio recibido deviene símbolo de orgullo y empoderamiento.

★★★

Combinando filmaciones personales de hace una década, imágenes familiares de su infancia y un registro documental del presente, la cineasta aragonesa Irene Bailo Carramiñana compone en Queer Me un diario filmado poderosamente militante que celebra el coraje de abrazar la identidad personal. La cineasta y protagonista, cuya voz en off hila el discurso de la película, fue sometida durante su infancia y adolescencia al desprecio de quienes le rodeaban al no encajar en los cánones normativos: “Me llamaban gorda, marimacho, Irene-Pene”, cuenta. Su entrada, a los veintipocos años, en la TDB, una casa okupa de Toulouse –lugar que había sido escenario de un crimen machista reconvertido entonces en espacio de resistencia transfeminista–, supondrá un acontecimiento determinante en la reconstrucción de su imagen propia, proceso en el que la documentalista logrará hacer suyos los insultos recibidos para, resignificándolos, convertirlos en símbolos de orgullo personal. El mayor interés de Queer Me reside en la radical honestidad de su enfoque, despojado de todo paternalismo o fascinación por lo exótico: las imágenes elaboradas por la cineasta, quien forma parte del mundo que retrata con su cámara, destilan auténtica admiración y respeto por las personas filmadas, compañeres de Bailo Carramiñana durante su proceso de autodescubrimiento. Diez años después de su experiencia en la okupa TDB, la cineasta conversa con quienes convivieron con ella para interrogarles sobre su presente: aunque descreídos y menos idealistas, atravesados por infinitas dudas y contradicciones, quienes entonces se atrevieron a cuestionarlo todo –las normas de género, las estructuras de poder, los estándares de belleza– han logrado ser, hoy por hoy, más libres y conscientes de su identidad.

© REPRODUCCIÓN RESERVADA