Tras debutar en el largo con el drama La quietud en la tormenta (2022), Alberto Gastesi se pasa a la ciencia ficción con su segunda película, un absorbente y elegante mindgame sobre el duelo y la pérdida.
★★★½
Doce años después de hacer frente a una terrible tragedia, Diana y Martín se reencuentran en la casa del lago en la que vivían antes de separarse. La llegada de un joven extrañamente parecido a su hijo desatará secretos y amenazas del pasado que podrían cambiarlo todo. Tomando como punto de partida este sugerente planteamiento, Alberto Gastesi elabora en Singular, su segundo largo, un mindgame de modélica elegancia narrativa y formal. Hipnótica gracias a la precisión de su diseño visual y a su atmosférica y envolvente banda sonora de sintetizadores —Jon Aguirrezabalaga y Verde Prato a los mandos—, la película se adhiere a los códigos del thriller psicológico y de la ciencia ficción especulativa —concretamente, a los tropos del bucle y la paradoja temporal— para, trascendiendo el género, articular un relato acerca de las potencialidades de la IA en relación con cuestiones tan humanas como el duelo, la pérdida y las alargadas sombras de la culpa: la negación, el autocastigo y el peso inexorable de los errores que pueden perseguirnos de por vida. Sorprenden, en Singular, lo puntilloso de su gramática visual, el admirable manejo de las elipsis y la plausible concreción de unos diálogos exquisitamente elaborados que terminan de cobrar toda su fuerza en boca de la fantástica pareja protagonista, compuesta por Patricia López Arnáiz y Javier Rey. Con todo, tras un inquietante primer acto y un inteligentísimo desarrollo, la película pierde algo de fuelle en su tercio final, cuando, en un loable intento de abrazar el cripticismo, acaba dejando más cabos sueltos de los debidos.
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